24
Ene
2026
Ayuso declara BIC la Cuesta de Moyano Imprimir
Otras Noticias - Comunidad de Madrid
Compartir en MenéameCompartir en TuentiCompartir en Buzz it!Compartir en FacebookCompartir en Twitter

Foto cedida por CAMEl expediente la compara con la Feria de Libros de París

El Consejo de Gobierno de la Comunidad de Madrid ha aprobado declarar Bien de Interés Cultural (BIC), en la categoría de Patrimonio Inmaterial, la Feria de Libros de la Cuesta de Moyano, uno de los espacios más representativos de la vida cultural madrileña y testimonio vivo de la tradición literaria y comercial de la capital desde hace más de un siglo.

Con esta medida, se protege un histórico enclave de compraventa de libros, tradicionalmente antiguos y de segunda mano, que se ha consolidado como símbolo de identidad de la ciudad. Situada en la calle de Claudio Moyano, junto al Real Jardín Botánico, forma parte del Paisaje de la Luz, incluido en la lista del Patrimonio Mundial de la UNESCO y constituye una de las pocas ferias permanentes de estas características existentes en España y Europa, comparable a la de los bouquinistes del río Sena en París.

A lo largo de su trayectoria, ha sido mucho más que un mercado de libros, al mantener vivas prácticas culturales y sociales vinculadas al conocimiento, la lectura y el intercambio literario. Desde su creación en 1925, ha desarrollado su actividad de manera diaria, con la única excepción de breves interrupciones durante la Guerra Civil española y la pandemia de coronavirus.

Testigo de los diversos cambios políticos y de la vida de España, su valor patrimonial también se refleja en numerosas obras literarias y cinematográficas como Viaje a la Alcarria, de Camilo José Cela, o la película Las bicicletas son para el verano, de Jaime Chávarri.

Tiene su origen en las antiguas ferias de San Mateo, que se celebraban en Madrid hasta finales del siglo XIX. En 1919, los vendedores comenzaron a instalarse frente a las verjas del Real Jardín Botánico, y fue en mayo de 1925 cuando el Ayuntamiento aprobó la creación de un mercado permanente de 30 puestos de libros usados en el actual emplazamiento. Las casetas que aún hoy albergan a los libreros fueron diseñadas por Luis Bellido, entonces arquitecto municipal.

En la década de 1920 comenzó a ser conocida popularmente como la Feria del Boquerón, después de que el escritor Ramón Gómez de la Serna apreciara que el precio de este pescado (15 céntimos) era el mismo que el de un ejemplar de segunda mano en la Cuesta. Durante la Guerra Civil española, continuó funcionando y solo permaneció cerrado durante 15 días al inicio del conflicto.

Con el paso del tiempo, las casetas se fueron deteriorando y en 1986 se demolieron. Los puestos se trasladaron entonces de manera provisional al Paseo del Prado mientras se reconstruían réplicas a imagen de las originales. En julio de 2004, un incendio en una subestación eléctrica cercana obligó a un nuevo traslado temporal a esta misma vía. Tres años más tarde, los libreros regresaron a su emplazamiento habitual, periodo durante el cual el entorno fue completamente peatonalizado.

La adjudicación de sus casetas ha pasado de ser un sistema de herencia familiar a uno de licitación pública. Actualmente, tanto la Asociación de Libreros Cuesta de Moyano como la Asociación Soy de la Cuesta son un pilar fundamental en la preservación y revitalización de este espacio.

El Consejo de Gobierno de la Comunidad de Madrid ha aprobado la declaración como Bien de Interés Cultural (BIC) de las obras pictóricas Visita a Santa Isabel, atribuida a Juan Bautista Maíno, y La flagelación de Cristo, de Angelino Medoro, por su sobresaliente calidad artística y técnica, representativa de diversas corrientes estilísticas.

El lienzo barroco de Maíno, fechado entre 1636 y 1637, formaba parte del desaparecido retablo del convento de San Jerónimo en la localidad soriana de Espeja de San Marcelino. La composición presenta cuatro personajes dispuestos en dos planos: en primer término, a la izquierda, la Virgen María junto a su prima Santa Isabel y, al fondo, a la derecha, dos hombres barbados, San José y Zacarías.

En esta imagen se identifica el ideal de bella femenina característico del autor, así como la monumentalidad de las figuras, envueltas en amplias vestiduras de carácter casi escultórico. También sobresalen la iluminación contrastada y los colores vivos y un dibujo naturalista, teñido de espiritualidad, especialmente en el rostro hermoso e idealizado de la Virgen.

Esta pintura constituye la única versión conservada de la producción de Maíno sobre la Visitación. Fue un artista reconocido y muy respetado en vida, con profunda formación humanística y teológica, y a finales de 2009 el Museo Nacional del Prado le dedicó la primera exhibición monográfica.

Por otra parte, el pintor Angelino Medoro plasmó en La flagelación de Cristo (1586) su dominio del dibujo y del color, así como su clara relación con el Manierismo italiano. Representa la única obra firmada y fechada por el artista anterior a su traslado a América.

La escena sitúa en primer plano la figura de Jesús rodeado de tres sayones, todos de pie. El cuerpo, ligeramente contorsionado y de movimiento serpenteante, se muestra de frente, con la cabeza alzada y girada hacia su izquierda, en actitud serena, cubierto únicamente con el paño de pureza. Los verdugos, también semidesnudos, alzan los brazos sujetando con sus dos manos las correas con las que azotan a Jesucristo.

Tiene gran importancia para el estudio de la producción pictórica de Medoro, ya que, al ser una obra de juventud, permite conocer su estilo inicial, que fue modificando a lo largo de su trayectoria. Además, este cuadro es un testigo de los intercambios culturales entre Europa y América.