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03
May
2011
Deriva Peligrosa PDF Imprimir E-mail
Punto D Vista - Editorial
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Desde hace unos días España ha entrado en una deriva que no pinta en absoluto bien: el pasado jueves desayunábamos con la noticia de que Zapatero gusta de correr por las inmediaciones del Pardo, obligando al cierre del Palacio; también el jueves eran expulsados del Congreso de los Diputados, y detenidos después unos ciudadanos que reivindicaban los derechos del Sáhara, y el viernes, aprovechando una situación caótica en los aeropuertos de toda España, Rubalcaba decretaba el Estado de Alarma.

Evidentemente, ninguna de las tres noticias son síntoma de nada, pero las tres juntas y en muy poco espacio de tiempo pintan una situación cuando menos, inquietante.

Que Zapatero pasee por el Palacio de El Pardo, comparado con las otras dos situaciones, puede ser hasta anecdótico, y no debería serlo, porque un gobierno como éste, tan dado a la imagen, debería darse cuenta de que hacerse fotos en lugares frecuentados por dictadores no es, precisamente, el mejor perfil a transmitir a determinados votantes. No deja de ser curioso que aquel que llegó al poder reconociéndose hijo del 68 acabe paseando por los lugares por donde, por cierto, no podían pasear sus padres. Llegó con la promesa de que el poder no le cambiaría. A las pruebas me remito.

El segundo asunto que nos hace entrever que la España de esta semana no tiene nada que ver con la de hace un mes, es la expulsión y detención de activistas pro saharauis en el Congreso de los Diputados, acusados de uno de los delitos más perseguidos por los estados autoritarios de medio mundo: la libertad de expresión.

Otra foto cargada de simbolismo y que no favorece en nada la imagen pública de un gobierno que, al menos hasta el viernes, parecía ir a la deriva. Los activistas fueron detenidos en el sancta sanctorum de la democracia: el Congreso de los Diputados, por hacer eso que dicen proteger los que allí se sientan: exponer sus ideas, Intuyo que después del trato que se les dio los artistas de la Zeja, que antes fueron los del No a la Guerra, recordarán aquello de "Malos tiempos para la lírica".

Pero sin duda el hecho más grave y con mayor repercusión en la historia de España será la instauración del Estado de Alarma por parte del gobierno en la noche del pasado viernes, una fecha que, esperemos equivocarnos, pasará a la historia como el 20-N, el 23-F, o el 11-M. No son pocos, si bien la mayoría están fuera de España, los que hablan ya del 3-D, y esto no es ninguna película.

El pasado viernes se cruzaron prácticamente todas las líneas que diferencian una democracia de otra cosa. Aprovechando una situación caótica, el gobierno, o mejor dicho, Rubalcaba, porque a Zapatero hasta ayer no volvimos a verlo, decretó el Estado de Alarma, situación de extrema gravedad en la que el poder se arroga una serie de facultades que, en Democracia, no le corresponden: militarización de civiles, control del espacio aéreo, y lo que falta…. Porque lejos de ser una situación excepcional, el Gobierno lo tiene muy claro: el Estado de Alarma durará, al menos, 15 días, pudiendo extenderse más allá de los dos meses.

No es por asustar, pero la situación recuerda demasiado a cómo llegó Hugo Chávez al poder. Criminalización absoluta de los controladores en todos los medios de comunicación afines al gobierno, utilización de niños para conmover al ciudadano que ve la televisión, utilización de las figuras más destacadas y con más credibilidad para la defensa de las tesis oficiales,… Todo recuerda demasiado a la Cuba de Fidel Castro.

Pero lo peor puede no haber llegado aún. Desde el sábado se están dando crédito a las insinuaciones de Gaspar Zarrias sobre que el Partido Popular pudiera estar detrás de los controladores… Sin duda será una Navidad muy movida la que nos espera, en todos los ámbitos.

La pregunta es ¿cómo hemos permitido que se llegue a esta situación? ¿No tiene el Estado de Derecho mecanismos suficientes para evitar que se declare un Estado de Alarma a todas luces ilegal, y que no es, en absoluto, un Estado de Alarma, sino de Excepción? ¿Dónde está el Jefe del Estado para negarse a firmar un decreto que roba los derechos constitucionales que juró cumplir y hacer cumplir? ¿Dónde está el líder de la oposición para denunciar públicamente qué es lo que se esconde tras esta declaración de Estado de Alarma?

Se avecinan tiempos de cambio, no sabemos hacia donde, pero lo que sí está claro es que la España que conocimos, y por la que lucharon tantos, durante tanto tiempo, cada vez está más lejos. La deriva que comenzó la semana pasada parece imparable.

 

 

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