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23
Ago
2011
Benedicto Equis Uve Palito PDF Imprimir E-mail
Punto D Vista - Editorial
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Durante la semana pasada sólo ha habido un tema de conversación en España: la visita del Papa para participar en las  Jornadas Mundiales de la Juventud, que se han celebrado en Madrid, y que han llenado las calles de peregrinos llegados de medio mundo.

 

Tanto ha copado la actualidad informativa, que durante unos días los políticos han estado desaparecidos. Ni una salida de pata de banco, ni un insulto a destiempo, y ni una metedura de pata, a pesar de que el mundo sigue, y oportunidades no les han faltado.

Y es que mientras el mundo entero miraba hacia Madrid, Europa hacía lo propio, concretamente para “informar” de la posibilidad de eliminar todas las subvenciones a aquellos países que no cumplan los objetivos de déficit, v.g. España. Es decir, Europa tiene pensado cortar el grifo de las subvenciones, tanto de lo Fondos FEDER y FEOGA, como de los, mucho más importantes, Fondos de Cohesión, una de las pocas fuentes de ingresos que han evitado que España haya declarado ya la bancarrota.

Evidentemente, la noticia no ha gustado en la Bolsa, y provocaba la segunda mayor caída del mes, además de volver a elevar la prima de riesgo.

Pero todo esto pasó a un segundo, o tercer plano, porque España, por unos días, volvió a ser la Tierra de María. Entre uno y dos millones de personas, según las fuentes, se reunieron en Madrid para ver, saludar, y venerar al Papa Benedicto XVI, que, por cierto, visitaba por primera vez la capital de España.

Y lo hacía dentro de un gran espectáculo televisivo denominado Jornadas Mundiales de la Juventud, un macroprograma de una semana de duración retransmitido en riguroso directo para unos 600 millones de espectadores, audiencia similar a la de una ceremonia de inauguración de los Juegos Olímpicos.

Y un programa en el que no faltó de nada: misas, recibimientos, encuentros, un gran Via Crucis, una vigilia pasada por agua, un partido de fútbol, y una despedida multitudinaria ante un aeródromo de Cuatro Vientos a reventar, no se sabe si de gente, o de calor.

Por no faltar, no faltó ni el factor sorpresa, ese no previsto por la organización, pero que le da un toque de mayor interés , y, no nos engañemos, de audiencia. Tal vez es este elemento discordante lo que ha elevado las cifras hasta los 800 millones de espectadores, y este elemento es la marcha antipapa.

Lo sucedido el miércoles pasado sólo puede calificarse como incalificable: una marea humana increpando a unos chicos de no mas de 16 años que lo único que hacían era rezar, algo que, para algunos, como puede verse claramente en las imágenes que han circulado por medio mundo, ya es suficiente provocación.

No deja de ser curioso que los antipapa utilizasen exactamente las mismas palabras que los romanos para justificar sus ataques: “Nos están provocando. En lugar de defenderse, sólo rezan”. Por suerte, y aunque a veces parezca lo contrario, parecen haber evolucionado un poquito con respecto a los centuriones romanos, y no han convertido a ningún peregrino en mártir de la causa. A pesar de lo viejo que es el término, muchos siguen sin comprender la enorme profundidad de poner la otra mejilla.

Pero volviendo al evento que llenó Madrid, la JMJ convirtió la ciudad en un auténtico parque temático cristiano: confesionarios en el Retiro, Rock cristiano en la Plaza de España, actos religiosos en Cibeles, y las calles cortadas por la “madrugá” madrileña.

Sin embargo los que pusieron color a estos días fueron los peregrinos. Chicos y chicas llegados de todo el mundo que se alojaban en albergues improvisados en colegios y recintos públicos, y que gastaban poco más que el “Menú del peregrino” en su vida diaria.

Ellos son la cara más visible de la JMJ, pero la otra cara es la verdaderamente importante. La JMJ no sólo ha traído peregrinos. Muchas otras personas, que no venían a gastos pagados, se han desplazado a Madrid para ver al Papa, o a la Virgen de Regla, y esos sí han consumido: han comido en restaurantes, han utilizado el transporte público, se han alojado en hoteles, y, según las fuentes oficiales, se han dejado más de 130 millones de euros en una semana, una inyección económica que le viene de maravilla a Madrid, y también al resto de España.

De todas formas, y como siempre que hay una valoración de datos difícilmente comprobables, será el tiempo el que confirme o desmienta estos datos. Concretamente, dentro de una semana veremos las cifras de paro del mes de Agosto para comprobar la verdadera incidencia de la JMJ en la Comunidad de Madrid.

Pero los beneficios directos no son, ni de lejos los más importantes. Madrid ha sido durante una semana el foco mediático mundial, justo, por cierto, hasta que Gadafi ha entrado en escena. Una semana en la que el mundo entero ha estado pendiente, aun más de lo que sucedía en la piel de toro.

No es por hacer cálculos, pero una campaña publicitaria de esa magnitud cuesta mucho más de lo que podamos llegar a imaginar, y a España le ha salido francamente barata. Para hacernos una idea, lo más parecido en cuanto a acontecimiento mediático mundial que hay, salvo, por supuesto, los macroatentados y las guerras, es la celebración de unos Juegos Olímpicos, algo, por lo que, por cierto, llevamos luchando cerca de diez años. Por algo será.

Lástima que algunos se hayan empeñado en empañar la imagen de tolerancia que se pretendía transmitir con esta celebración, y hayan convertido a España en la cuna de la nueva Inquisición, un lugar donde, al estilo de la Antigua Roma, se persigue a los cristianos.

Limpiar esa imagen no será fácil, y menos teniendo en cuenta que el propio Presidente del Gobierno se ausentó de la despedida oficial de un Jefe de Estado, un auténtico desplante que, en otras circunstancias, tendría serias consecuencias diplomáticas. Por suerte para Zapatero, y por ende, para España, los cristianos tienden a poner la otra mejilla.

 

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