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03
May
2011
Y un jamón PDF Imprimir E-mail
Punto D Vista - Editorial
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Ayer la polémica política del día no estuvo centrada en la amenaza de Moody´s de bajar la calificación a los bancos y cajas españolas; ni tampoco en la escandalosa reforma de las pensiones que nos quieren colar: trabajar hasta los 70 cobrando un 30% menos; ni tampoco de las últimas revelaciones sobre el caso Faisán, que cada vez huele peor; y ni siquiera de la aprobación de la Ley Sinde, o Ley mordaza de Internet. Ayer en España se habló sobre el jamón.

El producto más delicioso y valorado de cuantos nos ofrece el cerdo, del que se aprovecha todo, hasta los andares, fue el centro de debates sesudos y otros no tanto. La denuncia de un chico musulmán a su profesor por hablar del jamón fue el tema estrella de la jornada; lo que hace que cada vez tengamos más claro que sólo nos queda el exilio.

Volviendo al tema, el docente fue denunciado por decir que los aires de Trevélez, el pueblo donde se produjo el incidente, favorecían la curación del jamón. Y quien se ha quejado no ha sido Jabugo, ni Guijuelo, ni ningún otro lugar con tradición y denominación de origen. Quien se ha sentido ofendido ante tamaña afirmación ha sido un chico musulmán que considera que hablar de cuadrúpedos es una ofensa a su religión.

Obviamente, esto demuestra, en primer lugar, que cuando parecía que habíamos tocado techo en la estulticia nacional, siempre sucede algo que nos demuestra que se puede ir más lejos; y en segundo lugar, demuestra la escasa cultura del alumno, que, además de suspender Conocimiento del Medio, la asignatura que impartía el profesor, también debería suspender religión, porque parece que el chaval no tiene muy claros ciertos conceptos: la religión islámica prohíbe consumir carne de cerdo, pues lo considera un animal impuro, pero no hace mención alguna a que no se deba hablar, escuchar o escribir algo referente a este animal.

Pero es que, además, el Corán asegura que, aquel que sea obligado, contra su voluntad, a comer carne de cerdo, será perdonado por Alá. Es decir, en el hipotético caso de que el chico hubiera incurrido en pecado al oír la simple mención a los cochinos, sería automáticamente perdonado, pues no estaba en su ánimo el contravenir la Ley Divina.

La Alianza de Civilizaciones y el respeto mutuo a las creencias no pueden llevarnos directos al "todo vale", porque en ese momento dejaremos de ser libres. Como muestra un botón: siguiendo con el cerdo, la Biblia también prohíbe el consumo de su carne, y por tanto, todos los seguidores de cualquiera de las tres religiones del Libro: Judaísmo, Islam y Cristianismo estaríamos obligados a cumplirla.

Por suerte, aun el virus de la idiotez supina no se ha extendido por todas partes, y, tanto políticos, como asociaciones islámicas aseguraron ayer que la denuncia no tenía basamento ninguno, pero la primera piedra ya está lanzada. Veremos cuánto tarda en golpearnos.

Para terminar, simplemente dejar clara mi posición ante la negativa islámica a consumir carne de cerdo. Estoy totalmente de acuerdo con esa prohibición, porque así los que no tenemos tantos melindres a la hora de llevarnos un bocado de jamón a la boca tocamos a más.

 

 

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