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30
Ago
2011
La caja de Pandora PDF Imprimir E-mail
Punto D Vista - Editorial
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Cuenta la mitología griega que, como castigo a la Humanidad, que había conseguido, por intermediación de Prometeo el fuego sagrado, Zeus envió desde el Olimpo un regalo envenenado: Pandora, la primera mujer. Modelada por Hesíodo y dotada de todos los dones por los dioses, Hermes le dio un carácter inconstante, la capacidad de seducción y la de inventar mentiras con la intención de confundir a los hombres.

Además, los dioses le dieron una caja, bueno en realidad, un ánfora, pero los renacentistas se encargaron de transformar el mito, una caja que contenía todos los males del mundo con la advertencia de que nunca la abriera. Desde entonces, a una situación problemática que puede dar lugar a otras situaciones totalmente inesperadas e incontrolables se le da el nombre de Caja de Pandora.

Nuestros políticos desde hace una semana se han empeñado en abrir la caja. Tanto el líder socialista como el popular están decididos a modificar la Constitución, y además, a hacerlo cuanto antes, y antes de las elecciones. En principio, una modificación puntual que no tendría mayor trascendencia, pero en la situación actual cualquier decisión de tal entidad puede provocar bastantes consecuencias no esperadas.

Pero vayamos por partes. La decisión de los dos grandes partidos se produce unos días después de la amenaza clara y rotunda de la Unión Europea afirmando que dejará sin subvenciones a los países que no cumplan el déficit.

No deja de ser curioso que ante una amenaza así, un país que afirma ser soberano no intente imponer sus propios criterios. ¿Desde cuándo España no tiene autonomía económica y tiene que seguir los designios de Francia y Alemania? ¿Es para esto para lo que entramos en Maastricht, para que una entidad extranjera, porque, a día de hoy, la Unión no funciona como un todo cohesionado, nos diga cómo debemos gestionarnos?

Sinceramente, si estas son las condiciones de pertenencia al club, tal vez España, si es que aún conserva algo de soberanía, debería replantearse si quiere quedarse.

Pero en otro orden de cosas, la fórmula para introducir el techo de gasto es la de Reforma Constitucional, básicamente, lo que se llama matar mosquitos a cañonazos. La Reforma es absurda e innecesaria, entre otras cosas porque ya existe una Ley para regular el techo de gasto, la conocida como Ley de Déficit Cero que nos permitió, en 2009, cumplir los criterios de Maastricht y entrar en el Euro, una ley que, por cierto, derogó Zapatero nada más llegar a la Moncloa.

Y de esos polvos vienen estos lodos: al eliminar el límite las Comunidades, de todo color, han pensado que podían gastar sin control, mientras Europa miraba para otro lado a pesar de que el problema se iba agravando año tras año. Ahora, la solución es mucho más difícil, porque no basta con reducir el gasto; hay que hacer frente a los pagos desorbitados de los intereses de la deuda, o eso, o renunciar totalmente a nuestra autonomía económica y ser rescatados, aunque visto lo visto, tampoco habría mucha diferencia.

Pero si es innecesaria, ¿por qué tanto interés en abrir la Caja de Pandora de la reforma Constitucional? Sin duda, una reforma de la Constitución debe plantearse en un clima de tranquilidad política, institucional, económica y social, algo bastante alejado de la situación actual.

Sea el objetivo perseguido o una consecuencia indeseable, plantear ahora una Reforma de la Constitución es algo muy peligroso para la estabilidad del ente político denominado España. Cuando se abre la puerta, no se sabe ni cuándo ni cómo se va a cerrar. Son muchos los que piden un referéndum para aprobar esta reforma, y es un referéndum que, hoy por hoy, no está ganado.

Los políticos se olvidan, conscientemente, de las propias reglas del juego al que están jugando. Una reforma como la que se plantea debe ser aprobada por, al menos, los tres quintos de una de las cámaras, y se someterá a referéndum si así lo quiere un diez por ciento de los diputados o senadores. Es decir, si 35 de los diputados quieren referéndum, y todo apunta a que son bastantes más, habrá referéndum.

Y entonces sí que se abrirá la Caja de Pandora. El referéndum no se planteará como una reforma concreta de un artículo, sino como una revisión absoluta y a fondo de la propia Constitución, algo que, por cierto, ya va tocando. Por muy Carta Magna que sea, una Constitución debe estar viva y, al menos, remodelarse una vez por generación, para que todos los ciudadanos se sientan identificados con el texto.

Una victoria del no en el referéndum supondría la muerte, de facto, de la Constitución del 78, y del sistema que nació de ella, y hoy por hoy, no es algo tan improbable. Por el contrario, una victoria del sí nos entregaría completamente en las garras de una Unión Europea que ya ha dejado meridianamente claro que sólo va a luchar por los intereses de Francia y Alemania. Siguiendo con la mitología, España debe elegir entre Caribdis y Escila, los dos monstruos que cerraban el paso de Ulises en una de sus aventuras.

El mito griego nos dice que Pandora, al final, abrió la Caja y de ella salieron todos los males que asolan a la humanidad. Por suerte, para los seres humanos y para España, en el fondo de la Caja quedó la Esperanza.

 

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