08
Abr
2016
Gran Hermano VIP 4 (GH VIP 4): Expulsión Laura Campos y Rappel; Laura por delante en los votos; y Carlos pide un programa Imprimir
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El programa sigue alargando la agonía y desvela quien va ganando para incentivar un voto totalmente parado en los últimos días

No hay nada peor que no saber morir a tiempo, y si no que se lo digan a un GH VIP que debería haberse terminado, al menos, hace dos semanas, y al que aún le queda una semana entera de agonía. Y digo bien, agonía, porque los concursantes, desde que se abrieron las líneas de la final, han entrado en un profundo letargo del que nadie para capaz de despertarles.

Carlos, que se sabe con el apoyo del público, ha decidido optar por un perfil bajo, mientras que los demás continúan en su estado catatónico habitual. Y mientras el programa se hunde en audiencias, interés y, sobre todo, votos. Y tal vez por eso anoche se producía algo que supone el mayor golpe jamás dado al espíritu Gran Hermano: mostrar los porcentajes con la cara a la que corresponde, desvelando que Laura lleva 17 puntos de ventaja sobre un Carlos Lozano que va a ganar mucho se lleve o no el maletín. Pero vamos por partes.

La noche de la semifinal comenzaba con vértigo: doble expulsión en pocos minutos para intentar enganchar al público antes de que comenzase Vis a Vis. Laura Campos y Rappel abandonaban la casa para dejar dentro a los dos superfinalistas que debían enfrentarse a las preguntas de la audiencia.

Como había que rellenar cinco horas de programa, también vieron lo que se había dicho de ellos fuera de la casa (aunque no todo, para evitar problemas mayores), recibieron llamadas del exterior, y se intentó generar algo de mal rollo entre ellos. Pero nada sirvió: ambos están en plan zen y a la espera de que esta larga agonía termine de una vez.

Cuando la serie de Antena 3 cerraba el capítulo, el programa recibía a los dos expulsados, y lo hacía para vivir dos entrevistas de muy diferente calado: a Laura la enfrentaron con Fran, mientras que Rappel tuvo que hacer frente a sus “predicciones” dentro de la casa. Llegado el momento de la despedida, esta vez la cosa fue algo diferente, pues en lugar de despedirse los dos expulsados de los concursantes, fueron todos los exconcursantes los que se despidieron de los finalistas (bueno, todos no porque no había suficientes sillones).

Y después de eso, justo al final del programa, llegaba la bomba: el programa desvelaba que la propietaria del 58% de los votos era Laura Matamoros, anunciando que no volverían a dar los porcentajes hasta que se cerrasen definitivamente las líneas. Esta polémica decisión que rompe por completo el espíritu del concurso (recuerdo que una de las razones por las que el creador holandés del formato prohibió los pactos para salir todos nominados fue precisamente evitar que el público tuviese una noción clara de quienes eran los favoritos), deja sin ninguna emoción la gala final, al desincentivar el voto a Carlos, y dar alas a unas lauristas eufóricas.

Pero es que lo que está en juego aquí es mucho más importante que la victoria de uno o de otro. Como ya os he contado en alguna ocasión, la cadena, viendo el éxito rotundo de los formatos blancos en Antena 3 (la cadena de Planeta ha ganado el prime time los últimos seis meses), decidía comenzar una estrategia de blanqueamiento de contenidos al considerar, y no sin razón, que el modelo de negocio del que han vivido durante los últimos quince años está desfasado y obsoleto.

Esta estrategia hacía que en el VIP entrasen famosos de verdad, como Lucía Hoyos o Carlos Lozano; además de provocar los fichajes de Bertín Osborne, o el inesperado triunfo de Got Talent. Viendo que el modelo de negocio del que habían vivido, y muy bien, durante mucho tiempo, comenzaba a peligrar, desde determinados programas se inició una lucha por la supervivencia, cuyo máximo exponente ha sido la guerra abierta en el VIP.

Este tipo de programas necesitaba demostrar a la cadena que sus personajes seguían siendo queridos, aunque las audiencias dijesen lo contrario, y cenrraron todos sus esfuerzos en hacer ganadoras a Laura Matmoros, Raquel Bollo o Rosa Benito. Como las dos últimas han sido expulsadas con un alto porcentaje, han redoblado esfuerzos para hacer ganadora a una concursante cuyo juego, únicamente, ha sido hablar sobre el exterior.

Pero que sepan que ésta tiene pinta de ser una victoria pírrica, pues, les guste o no, y pruebas hay muchas de ello, la audiencia ha decidido que el estilo blanco y familiar que representa Carlos Lozano es el que debe imperar en la tele del futuro. Por eso, aunque Laura se lleve el maletín, el verdadero ganador será Carlos Lozano, que volverá a una cadena grande con un formato de éxito bajo el brazo (se habla de que presentará la nueva edición de “Granjero busca esposa”) tal y como, medio jugando, dejaba caer en la gala de anoche al pedir un programa en la cadena.

Y es que los representantes (no va con segundas) del estilo de programas que han funcionado en la cadena en los últimos años tienen serias razones para temblar: en la última semana los programas que han funcionado en el prime time de la cadena han sido programas de formato blanco, como “La que se avecina”, “Got Talent” o “El Príncipe”, mientras que otros como “GH VIP” o el propio “Deluxe” conseguían unas audiencias más que discretas.

Y en esta lucha por la supervivencia, la productora del VIP intentaba jugar sus cartas. Al ver cómo desde otro programa de la cadena se intentaba dinamitar el concurso desde la primera semana, pusieron toda la carne en el asador para devolver el tono blanco a un formato que se han encargado de manchar desde fuera. La primera expulsión de Fran, la salida de Lucía o la propia expulsión de Javier Tudela no fueron decididas por la audiencia mayoritaria del formato, sino por unas lauristas aleccionadas desde una plataforma que está dispuesta a morir matando para no perder sus privilegios. Dentro de dos semanas (si es que encuentran concursantes) comenzará Supervivientes, y volveremos a vivir lo mismo que en el VIP: una gigantesca plataforma luchando para hacer ganadora a Mila Ximénez, haga lo que haga.

Pues que lo disfruten. La victoria de Laura, contra los intereses de cadena y productora, puede ser el final de una batalla en la que aquellos que se significan de una forma tan evidente acabarán perdiendo. De momento la productora comienza esta misma noche una nueva singladura en el canal #0 de Movistar, un espectacular reallity, “La Huída” en el que ocho parejas (en realidad siete y una persona en solitario) deben conseguir mantenerse ocultos de las fuerzas de seguridad. Ni que decir tiene que puede ser el comienzo de una hermosa amistad entre la productora y la nueva cadena de Telefónica...