Una tamborrada, la saeta y el Réquiem de Mozart, momentos estelares de Pasión Cofrade
El próximo viernes es Viernes de Dolores, la jornada que marca el inicio oficial de la Semana Santa, y por eso este fin de semana acogía los eventos finales de la Cuaresma, unos eventos que, en el caso de Torrejón, no dejaron indiferente a nadie. Y es que, a falta del Pregón Oficial, que se había celebrado una semana antes, la San Juan Evangelista acogió un Concierto de Marchas Procesionales que ya se ha convertido en un clásico de la Semana Santa torrejonera.
Así, la Banda Municipal de Música, la Capilla El Exilio, la Coral Polifónica, la Coral Alegría y el Coro de la Hermandad del Rosario unieron sus voces a las de dos solistas y un actor de doblaje para ofrecer un espectáculo único. Y es que Pasión Cofrade no deja de crecer edición tras edición, y esta tercera dejó momentos para el recuerdo.
De tal forma, y acompañados por el sonido del órgano, el concierto comenzaba con una "tamborrada" que recorría el pasillo central de la iglesia, y que recordaba a las que ponen banda sonora a la jornada del Viernes Santo en Teruel. Pero aún hay más, pues demás de las tradicionales marchas que acompañarán a las procesiones durante los días de pasión, el concierto dejó un momento para el recuerdo como fue la "saeta" interpretada por Mónica Redondo y los coros; o un espeluznante Réquiem de Mozart, interpretado en el momento en que el actor relataba la muerte de Jesucristo.
En las tres ediciones que ya se han celebrado Pasión Cofrade ha demostrado que es mucho más que un concierto de marchas procesionales. Así la lectura de epígrafes del Evangelio, que en esta ocasión se centraron en la muerte y resurrección, además de las apariciones posteriores de Jesús, van acompañando las distintas interpretaciones a cargo de unos músicos y voces dirigidos por Julio Maroto.
Y es que, si durante las procesiones son acompañamiento para hacerlas brillar aún más, en este concierto los músicos son los grandes protagonistas, convirtiendo la San Juan Evangelista en una enorme caja de resonancia que hizo vibrar al ritmo de la música a los que llenaban la Iglesia en vísperas del inicio de la Semana Santa.