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28
Ago
2014
Parque Europa Torrejón: Toda Europa al alcance de los torrejoneros (II); Dinamarca, Noruega e Italia se acercan a Torrejón PDF Imprimir E-mail
Lente de Aumento - Torrejón Secreto
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Misterios, leyendas y arte también tienen su sitio en el Parque Europa

Entre otras cosas, el Parque Europa permite conocer in situ los principales monumentos de la región sin salir de casa. Todo un recorrido por la historia y el arte del viejo continente, y lo mejor, totalmente gratis, porque, no en vano, no es más, ni menos, que un parque público.

 

La Sirenita de Copenhague

Cuenta la leyenda que los cantos de sirena embrujaban a los incautos hombres del mar hasta llevarles a la perdición. Pero una vez, las cosas sucedieron de otra forma. Un joven pescador danés salió de Copenhague y se encontró con la canción de una sirena. Automáticamente, quedó prendado de ella y estuvo a punto de naufragar. La propia sirena decidió salvar al pescador y quedó prendada de él. Tanto es así, que renunció a la inmortalidad para poder ser una mujer completa y pasar el resto de su vida con él.

En esta preciosa leyenda danesa se basó Hans Christian Andersen para crear, en 1837, el personaje que le daría la gloria inmortal. Y, a su vez, la historia de Andersen sería inmortalizada por Disney en una versión mucho más edulcorada que ya forma parte del imaginario colectivo.

Setenta y cinco años después, un empresario cervecero decidió encargarle una estatua a un conocido escultor, Edward Eriksen, que aprovechando el aniversario, se inspiró en el cuento de Andersen.

Eriksen pretendía que su modelo para la escultura fuera una conocida bailarina de la época, pero ante su negativa de posar desnuda, no tuvo más remedio que utilizar a su propia mujer. Una vez terminada, el empresario decidió regalársela a la ciudad de Copenhague, que la instaló sobre una roca en el mar un 23 de agosto de 1913.

Aunque hace no mucho abandonó su roca. Los daneses decidieron llevársela como embajadora a la Expo de Shangai del año pasado donde pasó ocho meses para volver a la roca el 20 de noviembre del mismo año.

Y no es tarea fácil lo de moverla: a pesar de que la escultura no mide más de 1,25 metros, pesa la friolera de 175 kilos, y es que toda ella es de bronce fundido.

Desde su instalación, la sirenita se ha convertido en objeto de los vándalos y de las reivindicaciones más sorprendentes: le han arrancado varias veces la cabeza, le han pintado con todos los colores imaginables, la han vestido con burka y hasta con el atuendo del Ku Klux Klan, y han intentado dinamitarla,,, pero ahí sigue, impasible, mirando al Mar Báltico.

 

El Barco de Oseberg

Aunque no se dice expresamente y, de hecho, sólo podemos ver la proa, el barco vikingo enterrado en uno de los lagos del parque está inspirado en el Barco de Oseberg, el drakkar funerario más importante que se ha conservado, si bien, el sorprendente dibujo que hace la proa nos recuerda a la “Gran Serpiente”, el barco mítico de Olaf I de Noruega, con el que desapareció misteriosamente después de la batalla en que perdió su reino.

Los arqueólogos comparan el descubrimiento del barco de Oseberg con el de la tumba de Tutankamón, y es que, salvo por la maldición, el descubrimiento de este impresionante barco tiene muchas similitudes.

En 1903, dos arqueólogos, uno sueco y otro noruego, deciden investigar un curioso montículo muy cercano a la granja de Oseberg, en Noruega. Llegan allí, sabiendo que ese tipo de montículos solían ser usados en periodo vikingo como mausoleo. Comenzaron a excavar y, debajo de una gruesa capa de césped que se extendía por todo el terreno encontraron una extraña estructura de madera.

Los trabajos de desenterramiento duraron casi dos años, y es que el barco tenía dimensiones muy considerables: 22 metros de eslora, 5 de manga, y 10 de mástil. La vela, de unos 90 metros cuadrados, y con capacidad para, al menos, 30 remeros.

Sin embargo, lo que se encontraron los arqueólogos fue algo muy distinto: en el barco sólo estaban los esqueletos de dos mujeres: una de 60-70 años, y otra de 25-30. La teoría más extendida es que se trataba de una mujer importante y su sirvienta, enterrada viva con ella.

Debido a la capa de césped, tanto los cuerpos como los enseres con que fueron enterradas se encontraban intactos, o casi, porque el túmulo sufrió el saqueo de los ladrones hace mucho tiempo. Sin embargo, dentro se encontraron carros, tapices, baúles, trineos… y todo lo que era necesario para cruzar a la otra orilla.

Hoy, este barco, junto con otros drakkars vikingos puede visitarse en los distintos museos de barcos vikingos repartidos por los países escandinavos, de los cuales el más conocido, y donde está el barco de Oseberg, es el museo de Oslo.

Pero el misterio del Barco de Oseberg va mucho más allá: desde su descubrimiento, hace más de cien años, se ha intentado, en múltiples ocasiones, y en muchas escalas, reproducir el barco para hacerlo navegable, algo que aún no se ha conseguido. No se sabe si es que el barco nunca estuvo destinado a navegar, o si la técnica de construcción de los vikingos es tan avanzada que aún no la hemos alcanzado, pero lo cierto es que, a día de hoy, solo sus dos misteriosas tripulantes han podido viajar en el Barco de Oseberg.

 

La Fontana de Trevi

Anita Ekberg y Marcello Mastroianni convirtieron a esta impresionante fuente en un auténtico símbolo del amor. La escena más famosa de La Dolce Vita de Fellini transcurre dentro de la fuente. Desde entonces es un auténtico símbolo mundial, un icono de Italia, y uno de los monumentos más visitados del mundo.

Pero su historia comienza mucho antes. Concretamente, en el año 19 antes de Cristo. El emperador romano Agripa envió a sus soldados a encontrar una fuente de agua desde la que construir un pequeño acueducto que conectase directamente con su baño.

Y los soldados tuvieron suerte. Tan sólo a 22 kilómetros de la ciudad localizaron, dice la leyenda que gracias a una niña, Trivia, que les vio sedientos, una fuente de agua. Construyeron el acueducto, que sirvió a Roma durante 400 años, pero la invasión de los godos destruyó la infraestructura. Habrá que esperar hasta el siglo XV para que se reconstruya, con un curioso remate final: una gran fuente en la desembocadura del acueducto.

La fuente se construirá justo delante del Palacio Poli, y representa a Neptuno domando las aguas. Dos tritones dirigen la carroza de Neptuno, que tiene forma de concha, mientras doman sendos caballos de mar. A ambos lados de Neptuno, las diosas Abundancia y Salubridad flanquean al dios del mar. Abundancia vierte agua de una urna, mientras Salubridad sostiene una copa de la que bebe una serpiente.

Pero si algo ha hecho inmortal la leyenda de la Fontana es una curiosa tradición que popularizó una película americana de los años 50. “Tres monedas en la fuente”, que aquí se tradujo como “Creemos en el amor”, cuenta la historia de tres mujeres que van a Roma y lanzan una moneda a la fuente pidiendo un deseo: encontrar el amor. Las tres monedas de la película se convierten, quizás para aumentar la recaudación, en tres monedas por persona. Tres monedas que, a su vez, cumplen tres deseos. La primera asegura volver a Roma, la segunda, enamorarse de un romano, y la tercera, casarse en la Ciudad Eterna.

De momento en Torrejón no tenemos constancia de que la tradición se haya cumplido, pero lo que sí es cierto es que la fuente recibe monedas de los visitantes del Parque Europa, monedas, por cierto que fueron entregadas a Cáritas hace unos meses.

 

El David de Miguel Ángel

Si hay una escultura representativa del Renacimiento Italiano, esa es, sin duda, el David de Miguel Ángel, una preciosa escultura cincelada por un absoluto desconocido, llamado Michellangello, y que después sería uno de los escultores más importantes de la historia.

Pero además, el David de Miguel Ángel se convirtió, desde muy pronto, en un símbolo de la libertad de la republica de Florencia, frente a la tiranía de los Médici.

El David iba a formar parte de una colección de doce esculturas de personajes del Antiguo Testamento que se situarían sobre el ábside de Santa Maria del Fiore. Una vez se habían construido dos de ellas, los promotores decidieron que la tercera sería un David.

Pero el encargo no era nada fácil: hasta tres escultores se enfrentaron con “El gigante”, nombre que se dio al enorme bloque de mármol. Tres escultores que dañaron la estructura arrancándole trozos y haciéndole agujeros.

Lo que parecía que sería el final de la escultura sería, precisamente, lo que la convertiría en algo muy grande. Después de los destrozos, se abrió un concurso para que los escultores abrazasen el proyecto, y este concurso lo ganó, de forma muy poco clara, un absoluto desconocido llamado Miguel Ángel Buonarrotti. El escultor tardaría tres años en terminar el encargo, y es que, sacar a la luz el “alma” de la estatua no fue tarea fácil. Las imperfecciones del bloque fueron convertidas en los elementos característicos de la nueva escultura, revolucionando totalmente la técnica renacentista.

Pero, y debido al carácter político que se le dio a la obra, ha sufrido ataques durante mucho tiempo: apedreándole, amputándole un brazo, o, más recientemente, cortándole un dedo del pie, la escultura ha sufrido actos de vandalismo de todo tipo, por lo que hoy está rodeada de una urna de metacrilato en su ubicación actual: la Galería de la Academia de Florencia.

 

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