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28
Ago
2014
Parque Europa Torrejón: Toda Europa al alcance de los torrejoneros (III); de París hasta Bruselas, y de nuevo a Madrid PDF Imprimir E-mail
Lente de Aumento - Torrejón Secreto
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Los monumentos de Parque Europa guardan secretos, leyendas y casualidades entre sus piedras

Entre otras cosas, el Parque Europa permite conocer in situ los principales monumentos de la región sin salir de casa. Todo un recorrido por la historia y el arte del viejo continente, y lo mejor, totalmente gratis, porque, no en vano, no es más, ni menos, que un parque público.


La torre Eiffel

Poco podía imaginar Alessandre Gustaf Bönickhausen que la curiosa torre que aceptó construir, casi a regañadientes, se iba a convertir en el monumento más visitado del mundo, con más de seis millones de personas cada año. “La estructura más alta del mundo”, como se llamó a la espectacular torre hasta los años 30, o “la torre de 330 metros”, como se la conoció oficialmente, ha pasado a la historia, sobre todo, después de los años setenta, como Torre Eiffel.

Y es que Eiffel es el nombre de la región de nacimiento de los antepasados de Gustaf, nombre que se tuvieron que cambiar al llegar a una Francia en guerra con su Alemania Natal. Gustave Eiffel pasará a la historia no solo por la torre que lleva su nombre, y es que tiene estructuras arquitectónicas por medio mundo. Sin duda, la más conocida es la Estatua de la Libertad, regalo de Francia a unos Estados Unidos aliados, pero no es la única: sin ir más lejos, muy cerca de aquí hay una, el Puente de Fuentidueña de Tajo, el más antiguo de los puentes de hierro de la Comunidad de Madrid.

Pero si por algo es conocido Eiffel es por el proyecto que le encargaron a su empresa en junio de 1884. Paris había decidido organizar la Exposición Universal de 1889, por ser una gran potencia económica, y, sobre todo, para conmemorar el centenario de la Revolución Francesa, y quería hacerlo a lo grande.

Basándose en un proyecto americano que nunca llegó a construirse, encargan a la empresa de Eiffel la construcción de una gran torre de 300 metros de altura. Su jefe de proyectos comienza a trabajar en el diseño, creando bocetos que no acaban de gustar a su jefe. Tanto es así que Gustave Eiffel decide desvincularse del proyecto, aunque dejando a sus empleados que sigan por su cuenta.

Tres meses después, un nuevo arquitecto le presenta otro proyecto y ahora sí decide participar. Tanto participa que compra la patente para “toda estructura de metal superior a 300 metros”. Para conseguir financiación, Eiffel busca el apoyo estatal que convoca un concurso público para darle el proyecto. Se presentan 107 alternativas, pero, por supuesto gana Eiffel, aunque le hacen cambiar su ubicación: en lugar de situarse a orillas del Sena, la torre estará en el centro del Campo de Marte, siendo la puerta de entrada a la exposición.

Como ya se sabe, las obras se sabe cuando empiezan, pero no cuando acaban, y este mastodonte arquitectónico estuvo a punto de no estar terminado a tiempo. Lo previsto era un año de trabajo, pero los riesgos añadidos, las inclemencias meteorológicas, y dos huelgas de los trabajadores, hicieron que se tardase dos años, dos meses y cinco días en construirla. Como dato decir que se termina tan sólo un mes antes de la inauguración de la Exposición.

Y además, rodeada de polémica: los artistas del momento no entendían el valor artístico de una mole de hierro, e intentaron boicotear la construcción de todas las formas posibles, incluso intentando su derribo tras el final de la Expo. Pero no lo consiguieron y hoy es el mayor símbolo de Francia. Nació con 300 metros, pero hoy mide los 330 de su nombre, gracias a una antena instalada justo arriba para servir de emisor de telecomunicaciones. De hecho, la radio en Francia se popularizó y llegó a todos los lugares gracias a la impresionante altura de la torre que Gustave Eiffel aceptó construir.



Manneken Pis

La estatua más curiosa de las que pueblan el Parque Europa es, sin duda, la de un niño pequeño desnudo que orina sobre una fuente: es la reproducción del Manneken Pis. El nombre significa exactamente lo que parece, es decir, “Hombrecito meón”, y el original es uno de los monumentos más conocidos de Bruselas.

Múltiples leyendas circulan sobre el origen de la estatua: durante la batalla de Ransbeke, el duque Godofredo II de Brabante, que tenía dos años, fue colocado en una cesta sobre un árbol para alejarlo de la batalla. El niño, desde allí, orinaba sobre las tropas enemigas, haciendo que perdieran la batalla; un señor de alto linaje perdió a su hijo y ofreció una curiosa recompensa: entregar a la ciudad una estatua del niño tal y como se lo encontraran. El final supongo que es evidente; Pero la más “creíble”, o, al menos, la mas conocida por los habitantes de Bruselas, cuenta que Jullianske, el niño, descubrió a los sitiadores de la ciudad en el siglo XIV preparando explosivos alrededor de la muralla y decidió orinar sobre la mecha evitando que pudieran encenderla.

Es de esta última leyenda de donde la estatua adquiere su status de símbolo nacional de Bélgica. Y es que esta pequeña estatua de 50 centímetros es el monumento más querido por los habitantes del país. Tanto es así que, durante el bombardeo de la ciudad, protegieron la estatua hasta que terminó, y, cuando fue robado por un galeote, se produjo tal conmoción en la ciudad, que se vieron obligados a fabricar otro. Eso sí, el auténtico fue recuperado, y su ladrón, marcado al fuego con un hierro para reses.

Sea cual sea su origen, lo cierto es que la estatua lleva en ese lugar desde 1388, aunque el diseño actual proceda de 1619, y hoy se conserve en el Museo de la Ciudad de Bruselas. La estatua ha sufrido los efectos de los vándalos en muchas ocasiones: dos robos, además del del galeote, intentos de mutilación, y multitud de graffittis son algunas de las cosas que ha sufrido el Manneken.

Pero quizás lo más curioso de la estatua es su capacidad para mutar: tiene más de 800 trajes, con los que se viste en ocasiones especiales, y, alguna vez, ha brotado de su cuerpo vino, hidromiel o cerveza. Pero, normalmente, lo que brota es agua, ya que, ante todo, es una fuente pública de agua potable.

La fama mundial se la dio, en 1949, una canción de Maurice Chevalier, que popularizó la estatua en toda Europa, y, desde hace 25 años, tiene una compañera, la Jeanneke Pis, situada al otro lado de la ciudad.



Atomium

A punto estuvo el Manneken Pis de perder su capacidad de símbolo de Bruselas, y todo, por culpa de un átomo, eso sí, no precisamente pequeño, pues mide 103 metros de altura: el Atomium.

Este gigantesco átomo, que representa un cristal de hierro, nació en 1958, como parte de la Exposición Universal de Bruselas, y su vida iba a ser de seis meses, pero el evidente poder de atracción de turistas que mantuvo durante su vida, obligaron a Bruselas a prolongarla.

Así, comenzó a hacer la competencia al Manneken como monumento más importante de la ciudad, hasta que la importancia del monumento decayó ligeramente. Aun así, hoy mantiene un nivel de visitas muy considerable, a pesar del alto precio de su entrada, y las mejores vistas de la ciudad sólo pueden tenerse desde el enorme restaurante en que se ha convertido su esfera superior.

Porque lo más sorprendente de este átomo gigante es que sus nueve esferas, que representan la estructura atómica del hierro, son visitables, o, al menos, seis de ellas. Un gran ascensor permite viajar hasta la más alta, y a las demás se puede ir a través de escaleras mecánicas (dicen los belgas que la escalera más larga de Europa está en el Atomium), ya que suelen usarse como salas de exposiciones.

Las cifras son de infarto: 2.400 toneladas de peso, 1500 operarios para montar la estructura y 18 meses para construirlo. La estructura es de acero y aluminio, con un baño de reflectal, que les da el aspecto de esferas pulidas, ya que, si luce el sol, las esferas del Atomium pueden dejar ciega a una persona.

 

Puerta de Alcalá

Probablemente, este sea, junto con la Puerta del Sol y la Plaza Mayor, el monumento que más suena a los torrejoneros. Y es que la auténtica se encuentra a unos 20 kilómetros del Parque Europa. La Puerta de Alcalá, como su nombre indica, era la puerta de entrada a Madrid desde Alcalá de Henares, sin embargo, en origen ni era la misma, ni estaba situada en el mismo sitio.

La auténtica Puerta de Alcalá se construyó en 1598 con motivo de la visita de Margarita de Austria, y se encontraba en lo que hoy es la calle Alfonso XI. Decimos se encontraba, porque fue derribada cuando se decidió ampliar la calle Alcalá robándole sitio al palacio del Buen Retiro.

Pero la decisión no fue urbanística: Carlos III llegó desde Valencia y entró en Madrid por la antigua puerta. Al no considerarla digna de su persona, decidió derribarla y construir otra en su lugar. Una nueva puerta que se convertiría en la entrada principal de la villa y corte, y en el símbolo de su reinado, por encima de otras grandes obras como el Paseo del Prado, el Jardín Botánico o las fuentes de Neptuno y Cibeles.

Y así nace el proyecto: cinco propuestas de Ventura Rodríguez y una de José de Hermosilla son rechazadas, hasta que Sabatini expone su idea. De hecho, expone dos ideas, haciendo que sea el rey el que elija, pero éste, maravillado por las dos, decide que se construyan ambas. Una por cada lado.

La puerta consta de cinco vanos, que al principio, se cerraban todos los días con rejas para cerrar la ciudad, y sobre el central se sitúa un escudo de armas sostenido por la Fama y el Genio. A ambos lados del monumento, hay cuatro esculturas de niños, y en una de las fachadas, además, las cuatro virtudes cardinales: templanza, justicia, fortaleza y prudencia.

Como dice la canción que la hizo mundialmente famosa, desde su ubicación ha visto pasar el tiempo: los Cien Mil Hijos de San Luis le dejaron algunos proyectiles de recuerdo; noventa años, junto a sus vanos fue tiroteado Eduardo Dato, Presidente del Gobierno; o, durante la Guerra Civil, y con motivo del 20 aniversario de la Revolución Soviética, pudieron verse sobre ella los rostros de  Litvinov, Stalin y Voroshilov, y la hoz y el martillo junto a la leyenda “Viva la URSS”.

 

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