17
Mar
2026
La Comunidad blindará el edificio del Baobab de Lavapiés para evitar su demolición Imprimir
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Foto cedida por Ayuntamiento de MadridPropondrán la protección ambiental al Ayuntamiento

El edificio del antiguo restaurante senegalés Baobab, en la madrileña calle Cabestreros de Lavapiés, respira aliviado. La Comunidad de Madrid ha anunciado este lunes que solicitará al Ayuntamiento su protección ambiental, un grado de catalogación que se aplica a aquellos inmuebles que, sin ser monumentos, contribuyen de manera significativa al carácter histórico o paisajístico de su entorno.

La decisión llega después de que el alcalde, José Luis Martínez-Almeida, ordenara la suspensión cautelar de la licencia de demolición que pesaba sobre dos edificaciones del conjunto, a la espera de que la Dirección General de Patrimonio Histórico emitiera su criterio. Ahora, con el informe autonómico sobre la mesa, el edificio tiene muchas papeletas para salvarse.

El caso había generado una fuerte polémica vecinal y política. Para el Grupo Municipal Socialista, la demolición suponía "un atentado patrimonial" contra lo que podría ser un caserío tradicional del siglo XVII, uno de esos testimonios de la arquitectura popular que aún sobreviven en el corazón de Lavapiés. La formación llegó a presentar una denuncia ante la Fiscalía Provincial para tratar de paralizar las obras.

La vicealdesa, Inma Sanz, ha confirmado este lunes que el Consistorio está a la espera del dictamen formal, pero ha avanzado que, una vez recibido, "actuaremos en consecuencia". La protección ambiental, aunque no es el máximo grado de conservación, impediría el derribo y obligaría a mantener la estructura y fachada del edificio, garantizando su integración en el paisaje urbano.

El antiguo Baobab no es un edificio cualquiera para Lavapiés. Durante años, el restaurante senegalés fue un punto de encuentro y un símbolo de la diversidad cultural del barrio. Su posible desaparición había encendido las alarmas entre vecinos y colectivos, que veían en el derribo otro episodio de la transformación urbanística que, denuncian, está desdibujando la identidad del distrito.

Con la decisión de la Comunidad de Madrid, la balanza se inclina ahora hacia la conservación. Queda por ver si el Ayuntamiento ratifica la propuesta y si el edificio logra, por fin, el reconocimiento que muchos vecinos llevaban tiempo reclamando