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01
Jul
2026
Se cumplen 50 años del comienzo de la Transición PDF Imprimir E-mail
Lente de Aumento - A Fondo
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Foto cedida por Instituto CervantesEn julio de 1976 Juan Carlos I escogió a un desconocido Adolfo Suárez como Presidente del Gobierno

El 3 de julio de 1976, Adolfo Suárez tomaba posesión como presidente del Gobierno de España, iniciando un proceso que transformaría el país en una democracia moderna. Medio siglo después, aquel nombramiento, que sorprendió a la opinión pública, se ha convertido en el símbolo de una transición que, aunque imperfecta, sigue siendo un referente de cómo el consenso y la negociación pueden desmontar un régimen autoritario desde dentro. La elección de Suárez, un producto del franquismo que había sido director general de RTVE y ministro secretario general del Movimiento, fue la primera pieza de un puzle que incluyó la Ley para la Reforma Política, las primeras elecciones democráticas, la Constitución de 1978, la dimisión del propio Suárez y el intento de golpe de Estado del 23-F, una historia de luces y sombras que cumple ahora medio siglo.

El 20 de noviembre de 1975, Francisco Franco falleció. Juan Carlos de Borbón fue proclamado Rey dos días después, jurando las Leyes Fundamentales del Movimiento. Su acceso al trono fue un relevo, no una ruptura: las instituciones franquistas seguían intactas. El monarca, que en su primer discurso ante las Cortes ya había mostrado su voluntad de reforma, decidió mantener a Carlos Arias Navarro como presidente del Gobierno, un lastre que calificó en privado como "un desastre sin paliativos". La relación entre el Rey y Arias Navarro se fue deteriorando hasta que, el 1 de julio de 1976, el presidente dimitió. El Consejo del Reino, presidido por Torcuato Fernández-Miranda, elevó una terna al monarca: Federico Silva Muñoz, Gregorio López Bravo y Adolfo Suárez, este último un hombre de 43 años que apenas era conocido para la mayoría de los españoles.

La elección de Suárez fue una decisión personal del Rey y de su principal consejero, Fernández-Miranda. Los nombres que más sonaban para suceder a Arias Navarro eran Manuel Fraga y José María de Areilza, pero ambos habían generado recelos: Fraga, por la actuación de la Policía Armada en los primeros meses de 1976; Areilza, por sus discrepancias con el monarca durante su viaje oficial a Estados Unidos. Suárez, en cambio, representaba una nueva generación, no había vivido la Guerra Civil y no estaba vinculado a las grandes familias del franquismo, aunque era un producto del régimen. Su paso por la Dirección General de RTVE le había dado un conocimiento profundo del poder de la comunicación, y su habilidad política quedó demostrada en un discurso en las Cortes franquistas el 9 de junio de 1976, donde defendió la Ley de Asociaciones Políticas con la célebre frase: "Elevar a la categoría política de normal lo que a nivel de calle es simplemente normal". El 6 de julio, tres días después de su nombramiento, Suárez se dirigió a los españoles en un mensaje televisado que rompió con la escenografía franquista: sentado en un sofá, con un tono cercano, afirmó que el Gobierno debía gobernar con el consentimiento de los gobernados. Aquella noche empezó la Transición.

Suárez lideró las reformas más audaces que la España franquista hubiera podido imaginar. Logró que las propias Cortes franquistas aprobaran su "autoliquidación" con la Ley para la Reforma Política, que fue ratificada en referéndum el 15 de diciembre de 1976. En abril de 1977, asumió el riesgo político más grave: legalizar al Partido Comunista, una medida que enfureció al estamento militar y a la derecha, pero que fue esencial para dar credibilidad al proceso democrático. El 15 de junio de 1977 se celebraron las primeras elecciones libres desde 1936, con una victoria de la UCD de Suárez, que obtuvo el 34% de los votos y 166 escaños. Las Cortes resultantes redactaron la Constitución de 1978, aprobada por una abrumadora mayoría, y Suárez pilotó los Pactos de la Moncloa para encarrilar la economía en plena crisis.

El desgaste de Suárez fue creciendo en su segundo mandato. Las luchas internas en UCD, la presión militar y una creciente sensación de que el proceso se le había escapado de las manos llevaron a su dimisión el 29 de enero de 1981. Tres semanas después, el 23 de febrero, un grupo de guardias civiles al mando del teniente coronel Antonio Tejero asaltó el Congreso de los Diputados durante la votación para investir a Leopoldo Calvo-Sotelo. El intento de golpe de Estado fracasó gracias a la firmeza del Rey, que condenó el golpe en un mensaje televisado. La democracia española había demostrado tener suficientes raíces para sobrevivir al ataque, pero el episodio dejó claro que el proceso de consolidación democrática no estaba exento de peligros. El 23-F, en definitiva, fue el epílogo de una Transición que comenzó con la apuesta de un Rey por un político desconocido, y que demostró que el consenso, aunque frágil, puede vencer a la fuerza.

 

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