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04
Sep
2026
Una luz que cambió la historia PDF Imprimir E-mail
Lente de Aumento - A Fondo
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El Motín de Aranjuez es el primer capítulo de la Guerra de la Independencia

 

La noche del 17 de marzo de 1808, Aranjuez ardió. No en llamas, sino en la furia de un pueblo que se levantó contra Manuel Godoy, el "choricero", el valido que había acumulado poder y riquezas mientras el país se hundía en la crisis y la humillación. Lo que comenzó como un motín popular se convirtió en el primer gran terremoto político del siglo XIX español, el preludio de la guerra que cambiaría para siempre el destino de España.

Manuel Godoy, conocido popularmente como el "choricero" por su origen humilde y su acumulación de riquezas, era el favorito del rey Carlos IV y de la reina María Luisa de Parma. El odio hacia él era transversal: la nobleza le veía como un advenedizo, el pueblo le culpaba del hambre y la crisis, y los militares no le perdonaban la derrota de Trafalgar.

Detrás del descontento popular se movían los hilos del partido fernandino, que apoyaba a Fernando VII contra el poder de Godoy. La conspiración de El Escorial, en la que Fernando y sus partidarios intentaron derrocar a Godoy en 1807, había fracasado estrepitosamente y el príncipe había sido perdonado por su padre, pero el malestar no había desaparecido.

Los fernandinos, que veían en el Motín de Aranjuez una oportunidad para cambiar el rumbo político, aprovecharon el descontento popular para agitar el ambiente. El rumor de que Godoy planeaba trasladar a la familia real a América para escapar del avance de las tropas napoleónicas fue la mecha que hizo estallar la mecha.

En los días previos al motín, una figura enigmática comenzó a moverse entre los vecinos de Aranjuez: el Tío Pedro. Este personaje, cuya identidad real nunca ha sido confirmada, fue uno de los principales agitadores del motín. Recorría las calles, arengaba a la multitud y llamaba a la rebelión contra Godoy. Algunos historiadores creen que era un agente de los fernandinos, mientras que otros sostienen que fue un vecino movido por el odio personal al valido. Su papel en el motín ha sido mitificado y, cada año, la escenificación del Motín de Aranjuez lo incluye como uno de los personajes centrales.

Una de las grandes obsesiones de los fernandinos era evitar que los Reyes viajaran a América, como se rumoreaba que planeaban hacer. Fernando VII, que veía en ese viaje la posibilidad de que su padre y Godoy se llevaran el poder a ultramar, explotó el rumor para movilizar a la multitud. La idea de que la corte abandonara España y dejara al país a merced de los franceses era una amenaza real para el pueblo, y los fernandinos la utilizaron para agitar el descontento.

El motín comenzó cuando en la habitación del Príncipe se encendió una luz. Para los amotinados, esa luz era la señal de que el valido estaba despierto, que había llegado el momento de actuar. La turba, que llevaba horas congregada en las calles, se dirigió al palacete de Godoy en la calle del Príncipe. Los amotinados, que portaban antorchas y armas improvisadas, saquearon la vivienda del valido. La tradición cuenta que encontraron a Godoy escondido bajo una alfombra en el desván del palacio, donde estuvo a punto de ser linchado antes de que la Guardia de Corps lo trasladara a su cuartel para protegerlo. A la mañana siguiente, el 18 de marzo, Godoy dimitió y fue detenido. El 19 de marzo, Carlos IV, presionado por la multitud que se había concentrado ante el Palacio Real, abdicó en su hijo Fernando VII.

El Motín de Aranjuez precipitó una cadena de acontecimientos que cambiarían la historia de España para siempre. Napoleón, que veía con preocupación el cambio de poder en España, llamó a los dos reyes (Carlos IV y Fernando VII) a Bayona y les forzó a abdicar en su hermano José Bonaparte, conocido como "Pepe Botella". El 2 de mayo de 1808, el pueblo de Madrid se levantó contra la ocupación francesa, dando inicio a la Guerra de la Independencia. El conflicto, que duró seis años, enfrentó a España y Portugal contra el imperio napoleónico, y se convirtió en una guerra de guerrillas que desgastó al ejército francés y contribuyó a la caída de Napoleón. La guerra también abrió las puertas al liberalismo y sentó las bases de la España contemporánea, con la promulgación de la Constitución de Cádiz de 1812. El Motín de Aranjuez, el primer gran terremoto político del siglo XIX, fue la chispa que encendió la mecha de la guerra y de la revolución liberal. Una noche de furia popular que cambió el rumbo de la historia de España.

 

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