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Los madrileños colapsaron las carreteras de la Sierra durante todo el día
Dicen que es uno de los espectáculos naturales más sobrecogedores. Y probablemente se quedan cortos. Durante unos segundos, España experimentó en sus propias carnes lo que sería un mundo sin sol. La sombra de la luna se proyectó sobre la tierra y apagó por completo la luz, haciendo que se hiciese de noche y permitiendo ver las demás estrellas en el firmamento. La temperatura bajó bruscamente. Los animales empezaron a comportarse de forma extraña. El mundo quedó en suspenso, conteniendo el aliento, esperando que el apagón no fuese eterno. Viviéndolo, se entiende por qué los eclipses han cambiado destinos, atemorizado a pueblos y hasta frenado guerras.
Pero el mayor espectáculo del firmamento comenzó mucho antes. Pasadas las 19:30 de la tarde, la luna empezaba a comerse el sol, adelantando una puesta de sol muy distinta de lo habitual. Si bien los colores eran los típicos del ocaso, la atmósfera era muy diferente. Poco a poco, la luna fue ganando terreno, devorando lentamente al astro rey. Conforme la luz se iba marchando, al cubrir algo más de la mitad del sol, comenzaron las sombras, mucho más alargadas de lo normal, mostrando un paisaje fantasmagórico.
Lentamente, la luna fue avanzando en su camino hasta que, algo después de las 20:30, devoró por completo al sol. La noche se hizo presente, dejando únicamente un halo de luz en torno al astro rey. Pero si algo ha demostrado la ciencia a lo largo de los siglos es que los eclipses ya no son algo temible, salvo quizá si se mira de forma directa al sol. Pocos segundos después de esconderse, el astro rey recuperaba la luz, primero como un fogonazo —lo que los astrónomos llaman el anillo de diamantes— y después lentamente, recuperando su forma. Algo que los españoles no pudieron ver por culpa del atardecer.
Los que se acercaron a la enorme franja que cubría el eclipse en la península Ibérica pudieron disfrutar de un espectáculo que muchas generaciones no pueden ver. La estadística dice que deben pasar 400 años desde que un eclipse pasa por una zona hasta que vuelve a recorrerla. Pero la estadística está para romperla. Por eso España va a vivir tres muy similares en tres años consecutivos. 2026 ha sido el primero, pero habrá más en 2027 y 2028, lo que convertirá a España en destino de un turismo astronómico que el país no recordaba desde principios del siglo XX. Los cazadores de eclipses se sumaron a los vecinos buscando los mejores lugares para observar la franja de totalidad, que en la zona este se extendió desde los 10 segundos de Torrejón hasta el minuto y medio de Somosierra, si bien en otras ubicaciones se prolongó aún más.
España ha vivido este miércoles un eclipse total de Sol que ha sumido en la oscuridad a más de la mitad del país, un fenómeno que no se producía en la Península Ibérica desde 1912. La franja de totalidad recorrió trece comunidades autónomas, desde Galicia hasta Baleares, con una duración máxima de la oscuridad de alrededor de un minuto y cuarenta segundos en puntos como Oviedo, León o Soria. La coincidencia del eclipse con el atardecer permitió una visión espectacular, siempre que el horizonte hacia el oeste estuviera despejado.
El Observatorio de Yebes, en Guadalajara, se convirtió en el epicentro del seguimiento oficial del evento, con una retransmisión en directo que contó con la participación de expertos del IGN, el IAC y la Agencia Espacial Española, además de astronautas de la ESA. La ministra de Ciencia, Innovación y Universidades, Diana Morant, y otros altos cargos presenciaron el eclipse desde la azotea del observatorio, donde las expresiones de asombro se sucedieron al llegar el momento de la totalidad. "Alucinante, qué jodida maravilla", fue una de las frases que se escucharon entre los asistentes.
En Madrid y Barcelona, el eclipse fue parcial, con una cobertura de entre el 80 y el 90 por ciento, sin alcanzar la oscuridad total. El presidente de la Comisión Interministerial para el Trío de Eclipses, Juan Cruz Cigudosa, comparó el evento con "el Mundial de la Astronomía" y destacó los desafíos logísticos derivados de la afluencia masiva de visitantes. Este eclipse es el primero de una serie de tres que tendrán lugar en España entre 2026 y 2028, lo que convierte al país en un punto de referencia mundial para la observación astronómica en los próximos años.
Cuando el sol recuperó su luz y la tarde volvió a ser tarde, los que habían vivido aquellos segundos de oscuridad total guardaron en la memoria una sensación difícil de explicar. No fue solo un fenómeno astronómico. Fue un recordatorio de que el universo sigue su curso, ajeno a nuestras prisas, y de que la tierra, con todos nosotros encima, no es más que un punto diminuto en la inmensidad del cosmos. Los cazadores de eclipses ya han puesto en el calendario las próximas citas. Y los vecinos de Torrejón, que solo tuvieron 10 segundos de totalidad, ya saben que en 2027 y 2028 volverán a mirar al cielo. Porque un eclipse no es solo un evento. Es una cita con el asombro. Y cuando el sol se apaga, aunque sea por un instante, todo lo demás se detiene.