Entre 20.000 y 100.000 personas mostraron su apoyo a Ceuta; mientras que entre 25.000 y 300.000 personas hicieron lo propio por Maricarmen en una marcha que terminó en acampada en Sol
Madrid ha vivido este sábado una jornada de movilizaciones en las que dos bloques políticos han medido sus fuerzas en las calles con una afluencia similar, en un reflejo de las dos Españas que conviven en el país. Por un lado, la marcha Ni una Maricarmen más, convocada por el Sindicato de Inquilinas de Madrid para exigir responsabilidades por el desahucio de Maricarmen Abascal, una octogenaria con discapacidad, y reclamar medidas urgentes para garantizar el derecho a la vivienda, que según la Delegación del Gobierno reunió a unas 25.000 personas y según los convocantes a 300.000. Por otro, la segunda Marcha por la Dignidad, convocada por Sociedad Civil Española contra la gestión de la crisis migratoria en Ceuta y Melilla y contra el Gobierno de Pedro Sánchez, que reunió a cerca de 200 entidades de la sociedad civil y contó con la participación de Santiago Abascal y Miguel Tellado, reunió a 20.000 personas según Delegación de Gobierno, y más de cien mil según los organizadores.
La marcha por la vivienda comenzó a las 18:30 horas en la Puerta del Sol y concluyó frente al Congreso de los Diputados, con lemas como Hace falta ya una huelga de alquileres, hace falta ya una huelga general, Madrid será la tumba del rentismo, Fondos buitre expropiación, El ático de Ayuso para Maricarmen y Ayuso, Almeida idos a la mierda. La portavoz del Sindicato de Inquilinas de Madrid, Alicia del Río, ha calificado el caso de Maricarmen como un punto de no retorno en la lucha por la vivienda y ha advertido de que si no se aprueba el real decreto Maricarmen, la continuidad del Gobierno podría estar en entredicho. Maricarmen Abascal, en un vídeo difundido por el sindicato, hizo un llamamiento a la ciudadanía para que continúe luchando por el derecho a la vivienda y expresó su esperanza de que, si se unen, puedan lograr contratos indefinidos y otros derechos. La movilización, que se extendió a unas 40 ciudades, terminó con una acampada en la Puerta del Sol y con demandas como la renovación automática de los contratos de alquiler, medidas contra los desahucios, la congelación de las actualizaciones vinculadas al IPC y la modificación de la Ley de Arrendamientos Urbanos. Irene Montero, de Podemos, ha rechazado un acuerdo que no aborde las demandas de la movilización y ha propuesto la expropiación de 650.000 viviendas en manos de fondos de inversión para destinarlas al alquiler social, mientras que Ione Belarra ha subrayado que las casas tienen que ser para vivir.
La Marcha por la Dignidad, por su parte, recorrió el trayecto desde la Plaza de Cibeles hasta el Arco del Triunfo y reunió a cerca de 200 entidades de la sociedad civil, incluidas asociaciones, fundaciones, foros, partidos y sindicatos. Entre los convocantes figuran el exdiputado de Ciudadanos Marcos de Quinto y el cofundador de Vox Alejo Vidal Cuadras, y en el manifiesto se exige la militarización de Ceuta y la expulsión de los inmigrantes que consideran invasores, además de elecciones generales anticipadas, la activación del artículo 102 de la Constitución para juzgar al presidente del Gobierno por traición y por atentado contra la seguridad del Estado en relación con la entrada masiva de migrantes a Ceuta en julio, y una crítica hacia lo que describen como una alianza tóxica que está liquidando a España. Abascal ha cuestionado la efectividad del decreto ley que el Gobierno prepararía para agilizar las expulsiones y ha señalado al Ejecutivo como responsable de la crisis, mientras que Tellado ha criticado que no hay un Gobierno serio en España y que tuvo conocimiento previo de la crisis y no actuó.
Con las dos marchas en la misma jornada y una afluencia que los organizadores de ambos lados presentan como masiva, el sábado ha dejado una imagen nítida: la política española se juega hoy en la movilización de los propios, y ninguno de los dos bloques puede cantar victoria. La vivienda y la migración, los dos asuntos que han dominado el debate público de las últimas semanas, han sido los ejes de dos convocatorias que, con lenguajes y demandas opuestas, han demostrado que las dos Españas siguen mirándose de frente. |