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14
Ago
2026
La Paloma: de Madrid al lienzo PDF Imprimir E-mail
Lente de Aumento - A Fondo
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Cómo un cuadro se convirtió en la patrona popular de la capital

En el Madrid de chulapos y manolas, de chotis y limonada, hay una devoción que late con fuerza cada mes de agosto. No es la Almudena, la patrona oficial de la ciudad. Es otra, más humilde, más popular: la Virgen de la Paloma. Su historia arranca en un corralón de la calle de la Paloma, entre leños y escombros, y recorre más de dos siglos de milagros, verbenas y procesiones que aún hoy llenan las calles del barrio de La Latina. Su origen no es una talla ni una escultura barroca, sino un modesto lienzo anónimo que el pueblo adoptó como propio .

El año es 1787. En un solar cercano a la Puerta de Toledo, unos niños encuentran un lienzo deteriorado que representa a la Virgen de la Soledad, una de las advocaciones más recurrentes en la pintura barroca española. Intentaban hacer con él una cometa cuando una vecina, Isabel Tintero, portera de una de las corralas de la calle de la Paloma, lo rescató comprándoselo por unas monedas . Lo limpió, lo enmarcó y lo colocó en el portal de su casa, alumbrándolo con un farolillo .

Muy pronto, el vecindario empezó a atribuirle cualidades milagrosas. Madres con recién nacidos acudían a la Virgen para pedir protección . El portal se quedó pequeño para la cantidad de gente que acudía, e Isabel habilitó una habitación de su propia casa como oratorio. La fama del cuadro creció sin control: las paredes de aquella pequeña capilla se llenaron de "presentallas" —exvotos— y las noches se rezaba el rosario ante la imagen, con una multitud que ocupaba gran parte de la calle .

En 1796, con el apoyo de la Casa Real, se levantó una capilla en un erial de la misma calle, obra de Francisco Sánchez, discípulo de Ventura Rodríguez. Aunque oficialmente dedicada a Nuestra Señora de la Soledad, fue popularmente conocida como "de la Paloma" por la calle donde se alzaba .

Dos episodios milagrosos sellaron la leyenda de la Virgen de la Paloma y la elevaron a patrona oficiosa de Madrid. El primero ocurrió en la Casa Real. El infante Fernando, futuro rey Fernando VII, padecía una grave enfermedad, posiblemente escorbuto. Su madre, la reina María Luisa de Parma, desesperada, ofreció a su hijo a la Virgen de la Paloma. El niño se recuperó milagrosamente . Agradecida, la reina ordenó instalar grandes faroles que iluminaran el cuadro por la noche, convirtiendo el lugar en centro de peregrinación .

El segundo episodio consolidó la relación de la Virgen con los bomberos de Madrid. Cuenta la tradición que, durante un gran incendio en la Plaza Mayor, los esfuerzos por sofocar las llamas resultaban inútiles. Desesperados, los vecinos llevaron imágenes religiosas para pedir ayuda divina. Entre ellas estaba el lienzo de la Virgen de la Paloma. En cuanto llegó, el fuego comenzó a remitir hasta quedar extinguido .

Desde entonces, el Cuerpo de Bomberos de Madrid la considera su patrona y protectora . La vinculación se hizo oficial en 1923, cuando los feligreses pidieron ayuda al parque de bomberos de Puerta de Toledo para descolgar el cuadro del retablo y poder sacarlo en procesión. Y así sigue siendo hasta hoy.

Isabel Tintero, la mujer que rescató el cuadro, fue más que una simple portera. Durante la invasión francesa de Madrid, fue ella quien escondió el lienzo y las joyas de la Virgen para evitar su expolio . Falleció en 1813 y su deseo siempre fue ser enterrada a los pies de la Virgen. Aunque inicialmente fue sepultada en el cementerio de San Isidro, sus restos descansan hoy en el altar mayor de la iglesia de la Paloma, justo debajo del cuadro que ella salvó del olvido .

La pequeña capilla del siglo XVIII pronto se quedó pequeña. En 1891 se decidió construir un templo más grande. Las obras, según el proyecto del arquitecto Lorenzo Álvarez Capra, comenzaron en 1896 y la iglesia se inauguró en 1912 . Su exterior es de estilo neomudéjar, mientras que el interior tiene elementos góticos. La planta es de cruz latina y, sobre el altar mayor, preside el culto el cuadro original de Nuestra Señora de la Soledad, la Virgen de la Paloma .

Durante la Guerra Civil, ante el temor de que la imagen fuese destruida, se colocó una copia en el altar y el lienzo original fue nuevamente escondido. Casualidades del destino, un zapatero del barrio, creyendo que era el original, se llevó la copia a su casa para salvarla de la destrucción. La imagen fue salvada por partida doble, una muestra más del cariño del pueblo de Madrid hacia esta advocación.

Uno de los momentos más emblemáticos de la festividad ocurre cada 15 de agosto, tras la misa solemne. Un bombero elegido por la Cofradía de la Hermandad de la Virgen de la Paloma sube por una escalera de unos siete metros de altura y retira el cuadro de la pared en la que reposa el resto del año . La pieza, que pesa alrededor de 80 o 100 kilos, desciende con una cuerda y se deposita en una carroza adornada con flores. En la operación participan una veintena de bomberos que luego escoltarán la imagen en la procesión vespertina . El ritual se repite también cada 2 de febrero, día de la Presentación del Niño Jesús en el Templo, cuando el cuadro desciende para la ceremonia en la que los vecinos presentan a sus hijos a la Virgen, una tradición que se remonta a 1788 .

La devoción a la Virgen de la Paloma trascendió lo religioso para impregnar la cultura popular. A finales del siglo XIX, las fiestas de la Paloma ya eran tan célebres que inspiraron una de las obras maestras del género chico: *La verbena de la Paloma*, con libreto de Ricardo de la Vega y música de Tomás Bretón . La zarzuela retrata con maestría el ambiente festivo y castizo del Madrid de la época, y su popularidad contribuyó a fijar la imagen de la Paloma como la patrona del pueblo.

Hoy, las Fiestas de la Virgen de la Paloma se celebran del 13 al 16 de agosto y son el broche final al ciclo de verbenas castizas que comienza con San Cayetano (barrio de Embajadores) y San Lorenzo (Lavapiés) . Los jardines de las Vistillas y la plaza de la Paja se convierten en los epicentros de la fiesta, con conciertos, concursos de chotis, carreras de camareros y una ofrenda floral en la fachada del Colegio La Salle-La Paloma .

Los chulapos y chulapas, vestidos con sus trajes típicos —mantón de Manila, clavel en el pelo, chaleco y gorra—, añaden un toque de autenticidad y tradición a las celebraciones . Las calles se llenan de puestos de comida donde se pueden degustar los platos más castizos: entresijos, gallinejas, bocadillos de calamares, tortillas, barquillos y limonada . Más allá de la fiesta, la Virgen de la Paloma ocupa un lugar único en el corazón de los madrileños. No es la patrona oficial —ese honor corresponde a la Almudena—, pero es, sin duda, la "patrona popular", la Virgen del pueblo, la que eligió un lienzo pobre, sin autor, sin mecenazgo, para encender la fe en un barrio popular .

Su devoción se extiende a colectivos muy diversos: es patrona de los bomberos, pero también de los toreros, de los artistas, de las agrupaciones castizas, de los donantes y trasplantados, y de los enfermos de ELA . En 1956, María Valenciano, mujer de Santiago Bernabéu, la proclamó patrona del Real Madrid, y en 1995, el Ayuntamiento de Madrid le otorgó por unanimidad la Medalla de Honor de la ciudad . En el año 2000, la Virgen fue coronada canónicamente por los fieles, que aportaron sus propias joyas para la corona .

Entre el chotis y la fe, entre la tradición popular y el milagro, el cuadro olvidado de la calle de la Paloma sigue iluminando el corazón de Madrid. Más de dos siglos después, aquel lienzo anónimo sigue siendo el centro de unas fiestas que combinan procesiones, tradiciones y música popular, manteniendo vivo un capítulo clave de la memoria madrileña .

 

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