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21
Abr
2026
Encuentran restos del tranvía en las obras de la Puerta de Alcalá PDF Imprimir E-mail
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Foto cedida por AV Retiro NorteDos águilas y un halcón protegerán el monumento de las palomas

La Puerta de Alcalá, uno de los monumentos más emblemáticos de Madrid, es estos días un cruce de caminos entre el pasado y el presente. Por un lado, las obras de reforma del bulevar han sacado a la luz los restos del antiguo tranvía que circulaba por la ciudad a finales del siglo XIX. Por otro, el Ayuntamiento ha anunciado que a partir del 1 de mayo retomará el plan de vuelos disuasorios con aves rapaces para ahuyentar a las palomas, cuyos excrementos dañan la piedra del monumento. Dos iniciativas aparentemente dispares que, sin embargo, comparten un mismo objetivo: conservar y poner en valor el patrimonio histórico de la capital.

La Puerta de Alcalá recuperará a partir del 1 de mayo un método poco convencional pero eficaz para mantener a raya a las palomas. Dos águilas y un halcón volarán alrededor del monumento con el objetivo de ahuyentar a estas aves, cuyos excrementos causan daños estéticos y químicos en la piedra. El plan, que incluye tres vuelos por semana, ha sido confirmado por fuentes del Área de Gobierno de Cultura, Turismo y Deporte.

Las aves rapaces elegidas para la misión son un águila de Harris (Parabuteo unicinctus), un águila de cola roja (Buteo jamaicensis) y un halcón híbrido (un cruce genético entre dos especies distintas de halcones). Su presencia intimida a las palomas y las disuade de posarse y anidar en el monumento, según ha explicado el Consistorio.

El Ayuntamiento ya puso en marcha esta iniciativa tras los trabajos de restauración de la Puerta de Alcalá en 2023. Fuentes municipales defienden que se ha comprobado que se trata de un método "eficiente", que ha disminuido considerablemente el número de palomas. En aquel momento, se detectó que la afección biológica más acusada en el monumento era la ocasionada por la colonización de aves, principalmente palomas, en forma de depósitos orgánicos (plumas, nidos y deyecciones) por toda la superficie.

Estos restos generan alteraciones estéticas y daños químicos como la formación de fosfatos, acidificación y corrosión del soporte pétreo, ya que las deyecciones contienen amoniaco, ácido úrico, fosfórico, oxálico y sales, elementos muy agresivos con la piedra. Además, los excrementos se convierten en sustrato y fuente de nutrientes para otros organismos (bacterias, hongos, líquenes, musgos, insectos e incluso plantas superiores), provocando humedad que facilita otras reacciones químicas, a las que se suman los daños físicos del picoteo y la actividad de las aves.

Paralelamente, las obras de reforma de la Puerta de Alcalá que está acometiendo el Ayuntamiento han sacado a la luz restos del antiguo tranvía que circulaba por la ciudad. El dispositivo de control arqueológico de la obra ha detectado raíles y otros elementos de la red electrificada que echó a andar en 1898 y que fue un servicio clave en la movilidad de la capital durante más de siete décadas.

Varias líneas pasaban por la calle de Alcalá, conectando el centro con barrios como Arturo Soria o la Plaza de Castilla. El servicio desapareció definitivamente en el verano de 1972, sustituido por autobuses y el creciente parque automovilístico. Los restos, que han permanecido enterrados durante más de medio siglo, afloran ahora como un testimonio mudo de cómo se movían los madrileños de finales del siglo XIX y mediados del XX.

El Ayuntamiento ya ha comunicado el hallazgo a la Dirección General de Patrimonio Cultural de la Comunidad de Madrid, y está a la espera de sus indicaciones sobre cómo proceder. Mientras tanto, los trabajos en el monumento continúan, aunque los restos no se moverán hasta que la Comunidad se pronuncie.

El hallazgo plantea ahora un dilema: ¿se retiran los restos o se conservan? El proyecto del bulevar ya está cerrado, pero mantener los raíles a la vista podría convertir el lugar en un pequeño museo al aire libre, similar a lo que han hecho otras ciudades como Barcelona (con los restos del tranvía en la Diagonal) o Londres (con fragmentos de la calzada romana en plazas y calles).

Integrar los restos en el diseño del bulevar, con un panel explicativo y una pequeña musealización, convertiría un "obstáculo" en un atractivo turístico y didáctico, especialmente para los más pequeños, que desconocen que bajo sus pies circulaban aquellos tranvías de madera y hierro. La alternativa es que los raíles terminen en un almacén municipal, olvidados, y la oportunidad se pierda.

La Puerta de Alcalá, construida en el siglo XVIII durante el reinado de Carlos III, es uno de los monumentos más emblemáticos de Madrid. Está declarada Bien de Interés Cultural (BIC) desde 1976 y es Patrimonio Mundial de la Unesco desde 2021, al estar incluida en el conjunto 'Paisaje de la Luz'. Su conservación es, por tanto, una prioridad para las administraciones.

El plan de vuelos disuasorios, autorizado por la Dirección General de Biodiversidad y Gestión Forestal de la Consejería de Medio Ambiente, Agricultura e Interior, y asesorado por el Instituto del Patrimonio Cultural de España (IPCE), se enmarca en esa estrategia de conservación. El hallazgo de los restos del tranvía, en cambio, abre una oportunidad para ensanchar el relato histórico del monumento y de la ciudad.

Mientras las águilas y el halcón sobrevuelan la Puerta de Alcalá para protegerla de las palomas, los arqueólogos excavan bajo sus pies para desenterrar los restos de un tranvía que desapareció hace más de medio siglo. Dos formas de conservar el patrimonio: una activa (los vuelos disuasorios) y otra pasiva (la musealización de los hallazgos). El Ayuntamiento tiene ahora la oportunidad de integrar ambos relatos y convertir la reforma del bulevar en una intervención ejemplar que combine limpieza, mantenimiento y puesta en valor de la historia. Queda por ver si los restos del tranvía corren la misma suerte que las palomas: ahuyentados, o integrados.

 

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