El 7 de agosto de 1996 una riada arrasó el camping de Las Nieves
Eran las vacaciones de verano en el Pirineo. En el camping Las Nieves, a las afueras de Biescas, más de 600 personas disfrutaban de una tarde de agosto. Algunos se habían ido de excursión, otros se refugiaban de la tormenta en la cafetería, y los más afortunados, simplemente, dormían la siesta en sus caravanas o tiendas de campaña . No sabían que, en la cabecera del barranco de Arás, una nube estaba a punto de descargar la peor de sus furias. Eran las 17:30 horas del 7 de agosto de 1996 .
Lo que comenzó como una tormenta de verano se transformó en cuestión de minutos. Sobre el barranco de Arás descargaron más de 200 litros por metro cuadrado en muy poco tiempo, con picos de hasta 500 litros por metro cuadrado y hora . El agua se concentró, el cauce no pudo contenerla y una riada cargada de piedras, troncos, barro y sedimentos descendió con una violencia imparable .
El camping estaba situado en el cono de deyección del barranco, una zona donde los torrentes pirenaicos depositan los caudales y sedimentos que recogen de la cuenca . Es una zona inundable por definición. El cauce artificial, construido tras riadas anteriores, estaba preparado para caudales de 150.000 litros por segundo. La avenida fue de casi el triple . Las 42 presas de contención fueron saltando como un castillo de naipes, y la marea arrastraba 132.000 toneladas de sedimento .
En apenas diez minutos, una ola de agua, lodo y rocas recorrió los 1.500 metros que separaban la salida del barranco del camping, arrasando coches, caravanas y tiendas de campaña . Del complejo solo permanecieron en pie los edificios de los baños y la recepción . El balance fue devastador: 87 personas perdieron la vida, 27 de ellas niños . El más pequeño tenía 10 meses, el mayor 70 años . El último cuerpo, el de un niño de 7 años, apareció once meses después . Algunos cuerpos fueron arrastrados 17 kilómetros, hasta el embalse de Sabiñánigo .
Los primeros en llegar no fueron los servicios de emergencia. Fueron los vecinos de Biescas y de los municipios cercanos, que se acercaron a la zona cargados de mantas, comida y esperanza . La movilización espontánea de los vecinos fue "la clave" de la respuesta inicial, como ha recordado Luis Estaún, el alcalde de Biescas en 1996 . Los vecinos acogieron en sus casas a las familias que lo habían perdido todo .
Esa noche, las ambulancias no pararon de trasladar cuerpos . El jefe de bomberos de Huesca, Luis Zapatero, señalaba que sin el peso de la ropa, "los cuerpos empezarían a flotar" . Los reyes de entonces, don Juan Carlos I y doña Sofía, visitaron el lugar .
La investigación posterior reveló lo que los vecinos ya intuían: aquello no había sido solo un capricho de la naturaleza. La Audiencia Nacional concluyó en 2005 que la tragedia era "previsible y evitable" y condenó al Estado y al Gobierno de Aragón por haber permitido la instalación del camping en una zona de elevado riesgo . La sentencia, que fijó indemnizaciones por valor de 11 millones de euros, reconocía que la catástrofe no solo fue consecuencia de un fenómeno meteorológico extremo .
La prueba más dolorosa fue que existía una advertencia técnica explícita. Diez años antes de la tragedia, el ingeniero de montes Emilio Pérez Bujarbal emitió un informe en el que desaconsejaba la instalación del camping en esa ubicación porque "había evidente peligro para bienes y personas en caso de una tormenta excepcional" . Su informe fue ignorado. "Si se hubiera hecho caso a nuestro compañero, 87 personas no hubieran muerto", sentencia Ignacio Pérez-Soba, decano del Colegio de Ingenieros de Montes en Aragón .
La sentencia de la Audiencia Nacional fue un reconocimiento, pero no todas las familias recibieron el mismo trato. Quienes siguieron la vía contencioso-administrativa, como Sergio Murillo, que perdió a sus padres y a sus dos hermanos, recibieron indemnizaciones de 210.000 euros por cada familiar fallecido . Sin embargo, Esteban Astarriaga, vecino de Estella-Lizarra, que perdió a su mujer y a su hija de 3 años, nunca recibió ni un euro. Su caso quedó fuera porque optó por la vía penal y presentó la reclamación administrativa fuera de plazo .
Biescas marcó un antes y un después en la gestión de catástrofes, en la atención psicológica a las víctimas y en los protocolos forenses . Se reforzaron los protocolos de emergencia y se crearon equipos de respuesta inmediata para apoyar a los familiares y a los supervivientes . La tragedia impulsó una revisión de la normativa de campings: se endurecieron los requisitos, se prohibió la instalación en conos de deyección y se obligó a los propietarios a contar con planes de autoprotección y vías de evacuación .
Hoy, en el lugar donde se alzaba el camping, solo queda un parque memorial con un monolito que recuerda los nombres de las 87 víctimas . Este sábado, cuando se cumplen 30 años de la riada, el Ayuntamiento de Biescas ha optado por no organizar ningún acto oficial de homenaje . El recuerdo sigue siendo demasiado doloroso para un pueblo que aquella noche se volcó en el rescate. Sin embargo, como advierte el ingeniero Pérez-Soba, las lecciones de Biescas no deben olvidarse: "Tenemos que remediar el problema donde se produce, no donde se manifiesta" . El riesgo de que una tormenta desencadene una riada no ha desaparecido. La diferencia está en saber, y querer, escuchar a quienes advierten. |