Rivas anuncia que reforzará la seguridad del suyo, mientras los de la capital sufren robo de crucifijos
El Ayuntamiento de Rivas Vaciamadrid ha aprobado una inversión de 15.000 euros para reforzar la seguridad del cementerio municipal tras el acto vandálico ocurrido en abril, que dejó 107 nichos dañados. El Consistorio ha señalado que aquel incidente fue un evento aislado y que los actos de vandalismo no son habituales en el recinto, pero ha decidido actualizar y mejorar unos sistemas de seguridad que no estaban a la altura de las necesidades actuales.
Las medidas que se implementarán incluyen sistemas de control de accesos para regular la entrada y salida de personas, redes y sistemas de comunicación para facilitar la videovigilancia, una combinación de barreras físicas con vigilancia perimetral e interior y sistemas de alarma para detectar cualquier actividad sospechosa. Con esta inversión, el Ayuntamiento busca no solo prevenir futuros actos vandálicos, sino también asegurar un entorno seguro para todos aquellos que visitan el lugar, reflejando un compromiso con la protección del patrimonio y la tranquilidad de los visitantes.
El Cementerio de la Almudena, uno de los más grandes de Europa, afronta una oleada de robos que afecta a crucifijos, vírgenes, macetas y otros adornos que las familias colocan en las sepulturas, y que ha generado una creciente preocupación entre los vecinos y familiares de los difuntos, que reclaman más vigilancia y protección. Un visitante habitual, Gregorio, ha llegado a contar hasta 60 crucifijos robados en una pequeña área, y señala que el problema ha empeorado en los últimos dos años, con objetos que aparecen escondidos entre las sepulturas.
El impacto emocional es profundo para quienes visitan el cementerio con frecuencia, como Paz, que acude a la tumba de su hijo a diario y ha sufrido el robo de plantas y adornos, objetos que representan recuerdos y homenajes a sus seres queridos. Los testimonios de los vecinos describen cómo han desaparecido figuras religiosas de gran valor sentimental y apuntan a la posible implicación de chatarreros en la compra de estos objetos robados, lo que sugiere un mercado negro que alimenta el problema.
La falta de vigilancia es una preocupación constante: una vecina relata una conversación con un guardia de seguridad que admitió que solo cuentan con dos coches para patrullar todo el cementerio, lo que hace casi imposible mantener un control efectivo en un espacio que alberga a más de tres millones de personas enterradas. Los familiares no solo piden protección para los objetos materiales, sino también un respeto fundamental por los lugares de descanso de sus seres queridos, y exigen una respuesta activa de las autoridades para garantizar la seguridad y preservar la memoria de los difuntos.
Más de medio centenar de tumbas del Cementerio Sur de Carabanchel han aparecido sin los crucifijos que adornaban sus lápidas, en un acto de profanación que ha generado una profunda indignación entre las familias afectadas. Los hechos se descubrieron el pasado jueves, 10 de septiembre de 2026, cuando varios familiares que acudieron al camposanto se encontraron con las sepulturas vandalizadas.
Los crucifijos, en su mayoría piezas macizas de bronce, habían sido arrancados presumiblemente para ser vendidos como chatarra o en el mercado de segunda mano. El expolio afecta a numerosas hileras de sepulturas y en algunas de ellas aún son visibles los agujeros y restos de los anclajes que sostenían las cruces. Una de las afectadas, María, ha contabilizado entre 50 y 55 tumbas profanadas en una sola área del cementerio.
María descubrió al regresar de unas vacaciones que el crucifijo de la sepultura de sus padres y hermanos había sido robado. No es la primera vez que sufre un episodio similar: hace cuatro años también le robaron las asas de bronce de la misma lápida. Expresa su impotencia ante una situación que comparten otros familiares, quienes exigen mayor vigilancia en el cementerio y piden que se presenten denuncias para facilitar la investigación de los robos.
En Internet pueden encontrarse anuncios que ofrecen piezas similares, algunas valoradas en varios cientos de euros, aunque por el momento no hay evidencia que vincule estos anuncios con los robos recientes en el cementerio. Este tipo de profanaciones no es un fenómeno nuevo: hace un año, la Guardia Civil detuvo a siete personas involucradas en el robo de más de 2.000 crucifijos en cementerios de Madrid y Toledo, lo que evidencia que el problema es recurrente en la región.
El Cementerio de la Almudena, uno de los más grandes de Europa, afronta una oleada de robos que afecta a crucifijos, vírgenes, macetas y otros adornos que las familias colocan en las sepulturas, y que ha generado una creciente preocupación entre los vecinos y familiares de los difuntos, que reclaman más vigilancia y protección. Un visitante habitual, Gregorio, ha llegado a contar hasta 60 crucifijos robados en una pequeña área, y señala que el problema ha empeorado en los últimos dos años, con objetos que aparecen escondidos entre las sepulturas, según ha informado Telemadrid.
El impacto emocional es profundo para quienes visitan el cementerio con frecuencia, como Paz, que acude a la tumba de su hijo a diario y ha sufrido el robo de plantas y adornos, objetos que representan recuerdos y homenajes a sus seres queridos. Los testimonios de los vecinos describen cómo han desaparecido figuras religiosas de gran valor sentimental y apuntan a la posible implicación de chatarreros en la compra de estos objetos robados, lo que sugiere un mercado negro que alimenta el problema.
La falta de vigilancia es una preocupación constante: una vecina relata una conversación con un guardia de seguridad que admitió que solo cuentan con dos coches para patrullar todo el cementerio, lo que hace casi imposible mantener un control efectivo en un espacio que alberga a más de tres millones de personas enterradas. Los familiares no solo piden protección para los objetos materiales, sino también un respeto fundamental por los lugares de descanso de sus seres queridos, y exigen una respuesta activa de las autoridades para garantizar la seguridad y preservar la memoria de los difuntos.
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