Antonio Guzmán consiguió algo que no pudo lograr Guti
Cuando se habla de un futbolista torrejonero mundialmente conocido enseguida salta a la memoria el nombre de José María Gutiérrez "Guti", pero el madridista nunca participó en la fase final de un Mundial, algo que sí logró otro vecino mucho más desconocido: Antonio Guzmán. Antonio Guzmán Núñez es, probablemente, el futbolista más importante que ha dado Torrejón de Ardoz. Y no por una carrera repleta de goles o de títulos, sino porque logró algo que ningún otro torrejonero ha conseguido: jugar un Mundial de fútbol con la selección española. Nacido el 2 de diciembre de 1953, este centrocampista de físico privilegiado y entrega ilimitada se ganó un lugar en la historia del fútbol español a base de esfuerzo y carácter. Su historia es la de un jugador de barrio que, a base de insistencia y trabajo, se codeó con las grandes figuras del fútbol de los años 70.
Guzmán, como él mismo recuerda, lo tuvo claro desde muy joven: quería ser futbolista. Su primer gran paso lo dio en el juvenil de Torrejón, donde su entrenador, Pepito del Campo, le abrió las puertas del Rayo Vallecano. “Fue conmigo, y ese mismo día firmé para quedarme”. Comenzó en el Rayo en la temporada 1973-74, cuando el equipo aún estaba en Segunda División. Fue en Vallecas donde Guzmán se hizo un nombre. No era un goleador, pero su incansable capacidad de recuperación, su potencia física y su entrega lo convirtieron en un jugador indispensable en el centro del campo. En el Rayo, donde era conocido como el "correcaminos" del equipo, fue una pieza fundamental en el ascenso a Primera División en la temporada 1977-78. Fue en esa temporada cuando Guzmán alcanzó un hito histórico: se convirtió en el primer jugador del Rayo Vallecano en ser convocado por la selección española. Su esfuerzo físico y disciplina, que siempre le caracterizaron, le valieron el reconocimiento. Su propio preparador físico en el Rayo, Álvarez del Villar, le ponía de ejemplo a los demás jugadores: “Decía ‘hacer lo que hace Guzmán, que él si se lo curra’, y era verdad, porque si no trabajas, no juegas”.
“Haber llegado a la Selección fue el momento más importante de mi carrera. Me lo metí en la cabeza. Un día me enteré de que me estaban viendo jugar y dije, aquí hay que poner todo el caldo, y yo lo puse”. El seleccionador, Lászlo Kubala, le convocó para el Mundial de Argentina 1978. Guzmán debutó con la selección en un amistoso previo al Mundial, un España-Uruguay que terminó 0-0. Fue internacional en dos ocasiones, formando parte de la expedición española que viajó al Cono Sur. Su participación en el Mundial no fue extensa, compitió diez minutos en el partido contra Brasil, pero el mero hecho de estar allí, de ser convocado y de representar a su país en la máxima cita futbolística, lo convierte en un caso único en la historia de Torrejón de Ardoz. Es el primer y único futbolista nacido en la ciudad en disputar un Mundial.
José María Gutiérrez Hernández, 'Guti', es, sin duda, el futbolista más reconocido de los que han nacido en Torrejón de Ardoz. Su nombre es sinónimo de talento y elegancia en el Real Madrid, donde ganó tres Champions League y cinco Ligas, siendo un jugador emblemático de su generación. Sin embargo, y a pesar de su enorme éxito a nivel de clubes, su trayectoria con la selección española absoluta fue sorprendentemente breve e irregular . Su estilo de juego, que brillaba con libertad en el conjunto blanco, no terminó de encajar en los esquemas de los seleccionadores de la época, lo que le impidió disputar una fase final de un Mundial o una Eurocopa. Hoy, su voz es una de las más autorizadas para analizar el fútbol, siendo comentarista habitual en eventos como el propio Mundial de 2026 .
Volviendo a Guzmán, tras su gran temporada en el Rayo y su convocatoria mundialista, los grandes equipos de Madrid se fijaron en él. Finalmente, fue el Atlético de Madrid el que se hizo con sus servicios en la temporada 1978-79. En el Atlético militó durante tres temporadas, disputando un total de 49 partidos de Liga, y compartiendo vestuario con jugadores de la talla de Luis Aragonés o el "Ratón" Ayala. Su paso por el Atlético, aunque exitoso, no tuvo la continuidad esperada, y en 1980 fichó por la AD Almería, donde jugó una temporada en Primera División.
Antes de llegar a lo más alto, Guzmán forjó su carrera en equipos como la RSD Alcalá, el Conquense y el Talavera. Su carrera profesional se desarrolló principalmente en la máxima categoría, donde acumuló 91 partidos y anotó 5 goles. Su trayectoria, como la de muchos futbolistas de su generación, se basó en el esfuerzo, el sacrificio y una entrega sin límites. “Lo que pasaba en el vestuario se quedaba ahí. Había alguna filtración, pero no era lo normal”, señala comparando su época con la actual. “Antes entrábamos fuerte al balón, ahora es más teatro. Yo recuerdo partidos que me habían dado una patada, pero me levantaba porque no quería que el contrario se diera cuenta que me había hecho daño. Antes jugábamos más libres, ahora todo es más táctico”. Se retiró a los 34 años, cuando sintió que ya no tenía la misma energía. Sin embargo, supo adaptarse, jugando en una posición más retrasada donde la experiencia era clave. Hoy, Antonio Guzmán Núñez vive en Torrejón de Ardoz. Su nombre permanece ligado a la historia de su ciudad y del fútbol español como un ejemplo de superación.
“Fue todo bueno, fue todo sobre ruedas y conseguí lo que todo el mundo ansía: llegar donde quise. No era con dinero, era distinto, ahora están todos forrados. Llegué a todo aquello que me propuse”, sentencia. Su historia es la de un torrejonero que, con un balón en los pies y una mentalidad de hierro, demostró que el origen no es un destino. La participación de España en el Mundial de Argentina 1978 fue, como la de Guzmán, un viaje de ida y vuelta en el que el esfuerzo no siempre encuentra el premio que merece. El equipo, dirigido por el legendario Ladislao Kubala, llegó a Argentina con la ilusión de hacer un buen papel después de doce años de ausencia en la máxima cita mundialista. Encaró el torneo con la responsabilidad de devolver a la selección a la élite, pero el destino le tenía reservado un guion agridulce.
El sorteo no fue benévolo con España. Quedó encuadrada en el Grupo 3, junto a tres rivales de mucho peso: la poderosa Brasil, la siempre competitiva Suecia y la aguerrida Austria. Era, sin duda, uno de los grupos más igualados y difíciles del torneo, donde cualquier error podía ser definitivo. El debut no pudo ser peor: España cayó derrotada ante Austria por 2-1, un resultado que complicó sus opciones de clasificación desde el primer momento.
La segunda jornada fue un partido de vida o muerte ante la Canarinha, que se saldó con un empate a cero. Un resultado que, aunque honroso, no era suficiente. España llegó al último partido ante Suecia necesitada de una victoria y también de otros resultados, pero la realidad fue tozuda. España ganó 1-0 a Suecia, pero no sirvió de nada. El empate entre Austria y Brasil en el otro partido dejó a la selección española eliminada en la primera fase, con el sabor amargo de haber empatado a puntos con Austria, pero perdiendo el enfrentamiento directo, el primer criterio de desempate. Fue un adiós prematuro para una generación que había soñado con ir más lejos. |