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04
Abr
2026
Viernes Santo Torrejón 2026: una iglesia a oscuras despide un sobrecogedor Santo Entierro PDF Imprimir E-mail
TorreNews - Sociedad Torrejón
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El Cristo Yacente y la Virgen de la Soledad protagonizaron una procesión solemne de casi tres horas

Una iglesia completamente a oscuras, tan solo iluminada por la candelería de la Virgen, los cirios del Yacente y el cuadro de Claudio Coello. Por la nave central avanza con paso solemne el Cristo Yacente, y detrás, su madre, la Virgen de la Soledad, acompañando su cuerpo hasta llegar al altar. Esta fue la sobrecogedora imagen con la que la Hermandad de la Vera Cruz decidió terminar la Semana Santa 2026.

Y es que el cierre fue aún más solemne de lo habitual, cosa difícil tras lo ocurrido en 2025, cuando la Virgen y el paso infantil del Descendimiento flanquearon al Yacente en su recorrido hasta el altar en una iglesia abarrotada y enmedio de un silencio sepulcral. Pero vaya si lo consiguieron. Al silencio, la soledad, el duelo y la solemnidad le sumaron la oscuridad para componer un cuadro que refleja lo que representa el Santo Entierro.

Así terminaba una larga procesión de casi tres horas en la que hubo tiempo para todo. Hasta en cuatro ocasiones —la última a la entrada de la iglesia—, Carmen de Córdoba le dedicó saetas a los pasos, que en esta última procesión del ciclo de la Pasión representaban la muerte de Jesús.

El Calvario abría la comitiva, tras ser restaurado hace dos años, y le seguía la imagen del Descendimiento de los minianderos. Detrás, la Virgen de las Angustias precedía al Cristo Yacente, que hizo levantar los teléfonos de los que abarrotaban las calles para inmortalizar su rostro. Cerrando la comitiva, la Virgen de la Soledad, imagen titular de la hermandad y gran protagonista de esta procesión.

Poco antes de las nueve de la noche, y por quinta vez en los cuatro últimos días, la Hermandad de la Vera Cruz llegaba a la plaza acompañada por la banda de música, dispuesta a iniciar la última procesión del ciclo. Una procesión en la que la emoción estuvo presente desde el minuto uno, como ocurría en una iglesia semivacía en la que solo estaban los hermanos y las autoridades en el momento de la primera levantá, realizada por el presidente. El recuerdo de los que ya no están terminó con el presidente emocionado —a pesar de que su rostro iba tapado por el antifaz—, visiblemente afectado.

Un cortejo solemne, un silencio solo roto por los tambores y las marchas de la banda de música, y calles abarrotadas de vecinos para acompañar el cadáver de Jesús. Así, a compás lento, repitieron un recorrido que ya hicieron el pasado miércoles, aunque esta vez de forma muy diferente. El tiempo, por fin, acompañó, permitiendo disfrutar de una noche casi primaveral que animaba a estar en la calle.

Foto cedida por Ayuntamiento de CosladaY hablando del tiempo, esta procesión ha sido especial por muchas cosas, pero una de ellas es porque es la primera Semana Santa que completa la Vera Cruz en muchos años. La lluvia ha sido su compañera de viaje en multitud de ocasiones, obligándoles a procesionar por el interior del templo —lo que, todo sea dicho, ha dejado estampas increíbles para engrandecer la Semana Santa torrejonera—. Pero esta vez el tiempo les ha respetado. Cierto es que el frío y el viento les han acompañado en su penitencia, pero no han impedido que las procesiones comiencen y terminen como estaba previsto.

Con paso solemne, revirás lentas y ceremoniosas, y aplausos del público cuando los niños cogían el paso, la procesión fue avanzando hasta regresar a la plaza, y fue en la calle Hospital donde tendría lugar el fin de fiesta. Los niños eran los primeros en regresar al templo, y lo hacían como la noche anterior: elevando a pulso y al cielo el paso del Descendimiento y llevándolo hasta el crucero central entre los aplausos de los hermanos y los que ya ocupaban la iglesia de San Juan Evangelista.

Foto cedida por Ayuntamiento de CosladaDespués le tocó el turno al cuerpo del Yacente, que con paso solemne entraba en la iglesia. Y aquí iba a haber un cambio: en lugar de dirigirse a una de las naves laterales, enfiló la nave central, en una parroquia que le recibía con luz más tenue  de lo habitual, anticipando lo que iba a pasar minutos después.

Y por último, la Virgen de la Soledad. Demostrando que la fuerza de la fe es mucho mayor que cualquier cansancio físico, entró, como ya es habitual, a pulso y al cielo, a paso rápido, recorriendo todo el espacio entre la Puerta del Sol de la iglesia y el crucero central.

Pero dentro de la parroquia llegaba la sorpresa. Las luces se apagaban, la Virgen, en una maniobra imposible, entraba por la nave central siguiendo al cuerpo de su hijo, y un silencio sepulcral se adueñaba de la iglesia, solo roto por la marcha de la banda de música. Así, las dos imágenes fueron caminando hasta llegar al altar, donde el Yacente permaneció durante la mañana del sábado para que los torrejoneros pudieran orarle.

Y terminada la procesión, otra sorpresa. El presidente, Sergio Navarro, anunciaba que esta era su última procesión como líder de la Hermandad, pues dentro de unos meses hay elecciones y no pensaba presentarse. Eso sí, conforme avanzaba su discurso, y con un final abiertamente rociero, fue cambiando de opinión, anunciando que, si sus hermanos quieren, seguirá siendo presidente cuatro años más, lo que fue recibido con un enorme aplauso que hizo que Navarro abandonase momentáneamente el atril muy emocionado.

Así, con emoción, con cansancio, pero con toda la fuerza que da la fe, terminaba una Semana Santa histórica para la Hermandad de la Vera Cruz. Una Semana Santa en la que, a pesar del viento, el frío y los contratiempos, la tradición se ha mantenido viva. Y en la que los hermanos han demostrado que, cuando la fe es fuerte, no hay inclemencia que la pare. Porque, como ellos mismos saben, la Vera Cruz es mucho más que una hermandad: es una forma de entender la vida, la muerte y la resurrección. Y este año, por fin, han podido celebrarlo en la calle.


 

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