Laura Arcones trabajaba en el Archivo General de la Administración
La tragedia ferroviaria de Urda, que ha dejado 69 víctimas mortales, también golpea a Alcalá de Henares. Laura Arcones Ferreras, trabajadora del Archivo General de la Administración, figura entre las personas fallecidas cuando viajaba a Córdoba para participar en una reunión nacional de archiveros, y el Ministerio de Cultura ha confirmado su muerte y expresado sus condolencias. En Alcalá de Henares, el Archivo General de la Administración no es solo un edificio de estanterías infinitas y cajas numeradas: es el lugar donde el Estado guarda lo que no quiere perder, donde el papel se convierte en memoria, y allí trabajaba Laura como integrante del equipo técnico del Ministerio de Cultura.
Según ha podido saber Alcalá Hoy, Laura se dirigía a Córdoba para participar en una reunión de archiveros de ámbito nacional, y su trabajo era silencioso, de esos que se hacen para que otros puedan hacer el suyo: conservar, ordenar, clasificar, permitir que el pasado siga siendo consultable, una tarea discreta y paciente, alejada de los focos, pero imprescindible para que la memoria administrativa de un país no termine convertida en un montón de papeles sin historia. En Alcalá, esa labor tiene un significado particular, porque la ciudad vive de su patrimonio, de su historia documentada, de los archivos que explican por qué es lo que es, y que una de las personas que custodiaba parte de esa memoria institucional haya perdido la vida cuando se dirigía precisamente a una cita profesional de su gremio añade una dimensión especialmente cercana a una tragedia que ya era enorme.
Su nombre se suma al de otras personas cuya muerte ha ido adquiriendo rostro público a medida que avanzaban las identificaciones, entre ellas la compositora Marisa Manchado, vinculada durante años a la vida musical española y a las instituciones culturales, y también profesionales de la enseñanza, la investigación, el periodismo, el deporte y la Administración, junto a trabajadores, estudiantes, jubilados y familias que viajaban por motivos muy distintos. Nombrar a quienes han tenido una trayectoria pública no significa establecer una jerarquía del dolor, sino reconocer lo que ocurre cuando algunas biografías ya eran conocidas antes de la tragedia, y las demás tienen exactamente el mismo valor.
Mientras el país intenta asimilar la magnitud del desastre, las familias continúan atravesando sus horas más difíciles, y en Toledo la Casa de Ejercicios El Buen Pastor se ha convertido en uno de los lugares donde se concentra la espera, con 23 familiares de las víctimas durante la noche del sábado al domingo, una cifra inferior a la de los primeros días, cuando alrededor de sesenta personas aguardaban noticias sobre sus seres queridos. La investigación judicial corresponde a la plaza número 2 de la Sección Civil y de Instrucción del Tribunal de Instancia de Orgaz, en Toledo, bajo la dirección de la magistrada Aristea Ortiz Tiliakou, que ha decretado el secreto de las actuaciones y ordenado preservar las pruebas necesarias para esclarecer lo sucedido, incluidos los registros de circulación, las cajas negras y la documentación técnica relacionada con el funcionamiento de la línea, mientras la Comisión de Investigación de Accidentes Ferroviarios desarrolla sus propias pesquisas.
Para Alcalá, la pérdida de Laura Arcones tiene un eco concreto, porque el Archivo General de la Administración es una institución dependiente del Ministerio de Cultura que forma parte del paisaje profesional y cultural de la ciudad y en cuyos depósitos se conserva una parte fundamental de la documentación producida por la Administración española, un patrimonio que permite investigar, reconstruir historias y garantizar derechos, y detrás de esa tarea hay personas que rara vez aparecen en los titulares pero cuyo trabajo resulta esencial para comprender nuestro pasado. Laura era una de ellas, una profesional dedicada a cuidar documentos que otros consultarían años después, y su muerte convierte una noticia nacional en una noticia local de las que duelen de verdad. |