Puede verse en Santa María La Rica
La Sala José Hernández del Antiguo Hospital de Santa María La Rica acogerá hasta el 1 de noviembre la exposición Comercio y Memoria de una ciudad en Transformación, organizada por tercer año consecutivo por el Ayuntamiento de Alcalá de Henares a través de su Concejalía de Comercio para poner en valor la importancia del comercio y de la actividad económica y social. La magnífica acogida entre la ciudadanía de estas exposiciones es la prueba de esa importancia y de esa relación tan estrecha entre la vida comercial y la evolución de la sociedad y del propio paisaje urbano de la ciudad.
El título de esta exposición, en la que se recupera buena parte del material gráfico de las muestras anteriores, hace referencia precisamente a ese vínculo tan especial con la población, y aunque la inmensa mayoría de los locales tradicionales han desaparecido, existe una parte que se ha adaptado y, sobre todo, ha surgido una nueva generación de establecimientos comerciales y hosteleros, extendida a su vez a los nuevos barrios y zonas residenciales. Se trata de una muestra que homenajea a los establecimientos locales, así como a las familias que los regentaron y a las personas que trabajaron en ellos, que constituyen además una referencia para medir y evaluar las transformaciones y los progresos económicos, demográficos y urbanísticos que ha ido experimentando Alcalá a lo largo del tiempo.
El acceso es gratuito y el horario de visita es de martes a sábado de 11:00 a 14:00 y de 17:00 a 20:00 horas, los domingos de 11:00 a 14:00 y los lunes permanecerá cerrado. La tradición comercial de Alcalá de Henares se remonta a la antigüedad, ya que su ubicación estratégica consolidó la actividad mercantil como un eje estructural de su economía, y su relevancia institucional quedó respaldada en el ordenamiento jurídico local mediante los fueros medievales, la concesión del privilegio de feria en 1187 y la articulación del mercado semanal en la antigua plaza del Mercado, actual plaza de Cervantes. El eje de la calle Mayor se erigió como el principal espacio de intercambio de la villa, con soportales que alojaron una intensa actividad minorista impulsada mayoritariamente por la comunidad judía hasta el edicto de expulsión de 1492, y tras ese suceso el espacio mantuvo una notable continuidad mediante la presencia diversificada de comercio tradicional.
Durante la segunda mitad del siglo XX, en el marco de un acelerado proceso de industrialización y crecimiento poblacional, la estructura comercial experimentó una reconfiguración para adaptarse a la emergente sociedad de consumo, con la plaza de Cervantes y la calle Mayor como principal foco económico, eje peatonal y comercial de la ciudad histórica, donde se concentraban los principales comercios con más especialización en el sector del equipamiento personal, oferta que se ampliaba por la calle Libreros y se extendía por las arterias perpendiculares. Tiendas de ultramarinos como las de Mota o la Económica Complutense, la sastrería de Gordo, la perfumería de Sánchez o la fábrica de Cervezas de S. Alonso muestran hábitos de consumo de principios del siglo XX, a los que sucedieron tiendas de electrodomésticos como González Rogada, comercios de confecciones como Yárritu o Robisco, peluquerías, autoescuelas, pastelerías como MAIIG, bares como Alejo o Topeca y locales tan populares como la librería Cervantes, comercios que representan hábitos de consumo para satisfacer las necesidades de una población cuyo centro histórico dejaba de tener la hegemonía comercial, ya que empezaban a surgir nuevos barrios periféricos capaces de resolver por sí mismos sus necesidades básicas. Paralelamente a esta modernización del centro, el vertiginoso desarrollo industrial motivó una descentralización de la actividad minorista, y el modelo de pequeño comercio diversificado se replicó en los nuevos barrios periféricos, permitiendo abastecer a la creciente población trabajadora y vertebrar la vida comunitaria en las zonas de reciente urbanización.
Este esquema urbano, social y económico de Alcalá de los años sesenta y setenta aún no estaba preparado para la introducción de las grandes superficies periféricas, de modo que mantuvo su modelo comercial tradicional basado en la dependencia centro-periferia, pero con la introducción de los primeros hípermercados se desplegó una espiral de crecimiento de la oferta y demanda comercial que, unida al consumo masivo, incidió en la evolución mercantil del centro histórico y lo reposicionó no como lugar natural de la actividad comercial sino como un espacio para el encuentro y los contactos sociales de la ciudad. En las últimas décadas el centro histórico ha experimentado una nueva fase de reestructuración funcional, con un descenso sustancial del comercio minorista tradicional que ha cedido espacio a un proceso de terciarización enfocado en la hostelería y el turismo, convirtiendo los antiguos soportales en un espacio predominantemente dedicado a la restauración, y desde que Alcalá fue declarada Ciudad Patrimonio Mundial el turismo es el elemento central y esencial de la actividad comercial del centro histórico, centrándose gran parte de los negocios en la hostelería y la restauración.
De este modo, la actividad comercial es un claro indicador de la dinámica urbana del municipio y uno de los primeros elementos que siguen y se adaptan al cambio, por lo que no debe ser considerado un servicio que se oferta en la ciudad sino un elemento de cohesión del tejido social y del territorio que lo estructura, pues el entorno físico y social que rodea al comercio influye en su dinámica y define la interacción entre las tiendas, las calles aledañas y los ciudadanos. En definitiva, el tejido comercial de Alcalá de Henares ha actuado históricamente como principal catalizador de su configuración urbana, y la transición desde un modelo mercantil protegido por fueros hacia un ecosistema diversificado durante el despliegue industrial del siglo XX refleja la capacidad de adaptación de la ciudad a las demandas demográficas, mientras que el fenómeno reciente de sustitución del comercio tradicional por una oferta intensiva de hostelería señala una mutación profunda en el uso del centro histórico que, si bien dinamiza la economía turística, plantea nuevos retos para la sostenibilidad del comercio de proximidad y la preservación de la identidad patrimonial de la ciudad. |