Los tres anteriores han provocado sequías, hambrunas y catástrofes por todo el mundo
El fenómeno de El Niño ha vuelto a primera plana. La Organización Meteorológica Mundial (OMM) y la NOAA (la agencia estadounidense de océanos y atmósfera) coinciden en que el Pacífico ecuatorial ya ha comenzado a calentarse, y que el episodio podría consolidarse durante los próximos meses . Pero, ¿qué significa esto realmente para España y para el día a día de los ciudadanos? Lejos de los titulares catastrofistas, los expertos piden cautela y perspectiva.
El Niño es la fase cálida del ciclo ENSO (El Niño-Oscilación del Sur), un patrón climático recurrente que provoca el calentamiento anómalo de las aguas superficiales del Pacífico ecuatorial . Este cambio de temperatura altera los patrones de vientos y lluvias a nivel global, con efectos muy distintos según la región: sequías en Australia o el Sudeste Asiático, y lluvias intensas en zonas de América del Sur.
Los organismos oficiales señalan que existe una probabilidad de entre el 80% y el 90% de que el fenómeno se desarrolle plenamente entre el verano y el otoño de 2026 . Lo que aún genera debate es su intensidad: podría ser moderado o fuerte, y aunque algunos medios hablan ya de un "super Niño" o incluso del "más fuerte de la historia", la propia OMM recuerda que no utiliza esa terminología y que los modelos aún tienen margen de incertidumbre .
La pregunta del millón. La respuesta de los meteorólogos es clara: no hay una relación directa y automática entre El Niño y el tiempo en España. Nuestro clima depende de otros factores mucho más determinantes: la circulación atlántica, la posición del anticiclón de las Azores, las borrascas, las DANAs o la Oscilación del Atlántico Norte (NAO) . El Niño, en el mejor de los casos, puede "sesgar la baraja" y favorecer ciertas tendencias, pero nunca es el único responsable .
Dicho esto, los estudios sí apuntan a una posible tendencia: los episodios de El Niño, especialmente si son intensos, pueden favorecer otoños o principios de invierno más lluviosos de lo normal en la Península y el Mediterráneo occidental. Pero, como recalca la AEMET, "no hay una correlación clara" y la relación no siempre se cumple . Para el verano, su influencia es aún menor, ya que el fenómeno estará en su fase inicial .
Aunque para España no sea una sentencia, El Niño tiene efectos globales que nos acaban llegando. El más evidente es el calentamiento adicional del planeta. El Niño suele añadir un empujón al termómetro global, por lo que 2026 podría situarse entre los años más cálidos registrados . Eso se traduce en más olas de calor, noches tropicales y, en España, una mayor demanda de agua y energía .
Otra consecuencia, menos visible pero clave, es el impacto en la economía y las cadenas de suministro. El Niño puede reducir cosechas de materias primas en regiones clave (café, cacao, cereales, aceite de palma) y disparar sus precios . Para la industria agroalimentaria española, muy dependiente de las importaciones, esto significa un encarecimiento de los insumos y, posiblemente, de los productos finales . Además, las sequías en el Canal de Panamá pueden alterar el tráfico marítimo y encarecer los fletes . Sin embargo, se trata de un riesgo a gestionar, no de un desastre inevitable.
En resumen: El Niño es un fenómeno real, con alta probabilidad de desarrollarse y con potencial para influir en el clima y la economía global. Pero en España, su efecto es indirecto y moderado por otros factores. No es una profecía apocalíptica ni un "superNiño" que vaya a arrasar el país, sino un factor de riesgo que se suma a una situación de cambio climático de fondo. Lo más sensato es estar informados, prepararse para un verano que puede ser más cálido y, sobre todo, mantener la calma. Como dice un meteorólogo, "El Niño, por sí solo, no puede provocar sequías, olas de calor ni lluvias torrenciales en el Mediterráneo" .
Los episodios anteriores de "Superniño" (oficialmente, El Niño de intensidad "muy fuerte") dejan un rastro de impactos globales que, pese a ser fenómenos naturales, se cobraron víctimas y provocaron pérdidas económicas millonarias. Los más documentados son los de 1982-1983, 1997-1998 y 2015-2016.
Los tres grandes episodios coincidieron en desencadenar eventos climáticos extremos en todo el mundo, con patrones muy marcados que los científicos han podido estudiar.
**1982-1983: El "más devastador del siglo"**
Este evento, considerado uno de los más potentes de la historia reciente, tuvo un impacto económico estimado en más de 13 mil millones de dólares y se le atribuyeron entre 1,300 y 2,000 muertes.
- **Consecuencias globales:** Provocó sequías y grandes incendios en Australia, África e Indonesia; lluvias torrenciales récord en Perú (hasta 11 pies en zonas donde lo normal eran 6 pulgadas); y un invierno excepcionalmente cálido en el este de Estados Unidos.
- **Efectos en cadena:** Alteró ecosistemas, como en las Islas Galápagos, donde provocó la muerte de algas y especies animales; e incluso se le atribuyó un ligero cambio en la duración del día (0.2 milisegundos) al alterar los patrones de vientos y corrientes.
**1997-1998: El "más fuerte del siglo XX"**
Junto con el de 1982-1983, es uno de los dos episodios más potentes del siglo pasado. Provocó fenómenos extremos similares y es uno de los referentes para los científicos que estudian la evolución del Pacífico.
**2015-2016: El "más cálido hasta la fecha" con un planeta ya caliente**
Este Superniño se produjo sobre un océano y atmósfera ya calentados por el cambio climático, lo que amplificó sus efectos.
- **Consecuencias globales:** Afectó a más de 60 millones de personas con sequías, inundaciones y pérdida de cosechas en distintas regiones del planeta. Un tercio de los arrecifes de la Gran Barrera de Coral murió por el calor y se registraron récords de temperatura como los 54 °C en Kuwait.
- **Salto térmico global:** Este episodio contribuyó a que 2016 fuera el año más cálido registrado hasta ese momento, impulsando un calentamiento global que ya era notable.
A diferencia de otras regiones del planeta, la influencia de estos "Superniños" en España no es directa ni tan clara. El tiempo en la Península depende más de factores como el Atlántico, el Mediterráneo o la circulación de borrascas, por lo que no se puede establecer una correlación directa. Sin embargo, los estudios sugieren que, durante episodios de El Niño muy fuertes, puede haber una mayor probabilidad de que los otoños sean más lluviosos de lo normal en el sur de Europa.
Los episodios anteriores de "Superniño" (oficialmente, El Niño de intensidad "muy fuerte") dejan un rastro de impactos globales que, pese a ser fenómenos naturales, se cobraron víctimas y provocaron pérdidas económicas millonarias. Los más documentados son los de 1982-1983, 1997-1998 y 2015-2016.
###
|