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19
Abr
2026
Sánchez resucita las dos Españas durante la visita de Corina PDF Imprimir E-mail
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La venezolana se dio un baño de masas en Madrid mientras que el Gobierno reunía en Barcelona a la izquierda mundial

Madrid y Barcelona fueron este fin de semana el escenario de dos relatos opuestos sobre la libertad, la democracia y las relaciones con Iberoamérica. Por un lado, la visita de la líder opositora venezolana y Premio Nobel de la Paz, María Corina Machado, se convirtió en un homenaje institucional de la derecha española. Por otro, el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, lideró en Barcelona una cumbre de líderes progresistas que generó fuertes críticas desde el Partido Popular.

El viernes por la noche, el alcalde de Madrid, José Luis Martínez-Almeida, impuso a Machado la Llave de Oro de Madrid, una distinción que habitualmente se reserva a jefes de Estado. En su discurso, Machado aseguró que este gesto es un símbolo de la "apertura a la libertad de la nación venezolana". El sábado, la presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, convirtió la Puerta del Sol en el escenario principal, a quien definió como el "kilómetro cero de la libertad". En la Real Casa de Correos, Ayuso entregó a Machado la Medalla de Oro de la Comunidad de Madrid por su lucha por la democracia en Venezuela.

El presidente electo de Venezuela, Edmundo González Urrutia, debía recibir la Medalla Internacional, pero no pudo asistir por encontrarse hospitalizado. El acto no estuvo exento de polémica. La izquierda del Ayuntamiento de Madrid boicoteó el evento, y Ayuso aprovechó para lanzar un dardo al presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, por celebrar al mismo tiempo un acto en Barcelona al que calificó como una "reunión de narcoestados".

Miles de personas se concentraron desde primera hora de la tarde de este sábado en la Puerta del Sol de Madrid para dar la bienvenida a la líder opositora venezolana y Premio Nobel de la Paz, María Corina Machado. La organización cifró la asistencia en 40.000 personas, mientras que la Delegación del Gobierno la redujo a 11.000.

Tras recibir la Medalla de Oro de la Comunidad de Madrid en la Real Casa de Correos, Machado salió al balcón de la sede de la presidencia regional acompañada por la presidenta, Isabel Díaz Ayuso, y fue aclamada con gritos de "¡Presidenta!", "¡libertad!" y una fuerte ovación. "Con toda esta energía que estoy sintiendo de vosotros, vamos a volver a Venezuela", dijo la opositora, que prometió a Ayuso entregarle la medalla de la ciudad de Caracas en un futuro no muy lejano.

Ayuso también se dirigió a los congregados y les aseguró que "Madrid es la casa de la libertad" y que "desde aquí alzamos la voz por la libertad en Venezuela y en Cuba". Madrid es la ciudad de Europa donde residen más venezolanos, y la mayor parte de los concentrados fueron compatriotas de Machado que quisieron expresarle su apoyo. Ondeando banderas de Venezuela y mostrando pancartas con lemas como "María Corina, esperanza y libertad", "Libertad para los presos políticos" o "Volver a casa a la venezolana", los concentrados ovacionaron con pasión a su líder cuando apareció.

Durante horas, los asistentes gritaron "libertad", "fuera Delcy", "María Corina presidenta" o "elecciones", y bailaron al ritmo de artistas como Víctor García Sierra y Andrés Koi, que actuaron bajo un sol abrasador que provocó algunos desmayos.

La concentración en la Puerta del Sol fue el acto central de la visita de Machado a España, que se inició el viernes con reuniones con líderes conservadores españoles como Alberto Núñez Feijóo (PP) y Santiago Abascal (Vox). Entre ayer y hoy, Machado se ha reunido también con Díaz Ayuso y el alcalde de Madrid, José Luis Martínez-Almeida, y ha confirmado que no se verá con el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez.

Mientras Madrid rendía homenaje a la oposición venezolana, Barcelona acogía la IV Reunión en Defensa de la Democracia, presidida por Pedro Sánchez junto al presidente de Brasil, Lula da Silva, y otros líderes progresistas como la presidenta de México, Claudia Sheinbaum; el presidente de Colombia, Gustavo Petro; el de Uruguay, Yamandú Orsi; el de Sudáfrica, Cyril Ramaphosa; la presidenta de Irlanda, Catherine Connolly; y la primera ministra de Lituania, Inga Ruginiené.

Para el PP, la cumbre de Sánchez fue un intento de contraprogramar el homenaje a Machado, al que tacharon de "reunión de populistas". Ayuso calificó a los asistentes como "gestores de países sumidos en la pobreza y el narcotráfico que se autodenominan progresistas". El eurodiputado de Vox, Hermann Tertsch, calificó el encuentro de "aquelarre comunista" y habló de "la banda criminal del Foro de Sao Paulo y del Grupo de Puebla", que, según él, se refiere a "narcoterroristas y los sicarios de los carteles".

Ante la lluvia de críticas y epítetos, el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, tuvo que salir al paso durante su comparecencia junto a Lula da Silva. Sánchez pidió "disculpas públicas" a los líderes iberoamericanos reunidos en Barcelona por los "insultos" vertidos por la derecha española. "Lo que está claro es que la sociedad española, que es abierta, hospitalaria y respetuosa, no se siente representada por esos insultos", afirmó Sánchez.

La segunda jornada del Global Progressive Mobilisation (GPM) en el recinto Gran Via de Fira de Barcelona, en L'Hospitalet de Llobregat, contó este sábado con intervenciones telemáticas de destacados líderes progresistas internacionales que llamaron a la unidad para combatir la desigualdad y la deriva autoritaria.

El alcalde de Nueva York, Zohran Mamdani, envió un mensaje grabado en el que invitó a los líderes progresistas de todo el mundo a caminar juntos para construir un "mañana mejor", resolviendo los problemas que se producen en todas las ciudades. "Nuestro camino para combatir y vencer la desigualdad de ingresos debemos recorrerlo juntos", afirmó. Mamdani lamentó no poder asistir a la cumbre, pero agradeció al presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, su iniciativa para reunir a tantos líderes progresistas: "Es un placer formar parte de este precioso y floreciente movimiento para combatir la desigualdad y conseguir dignidad".

El senador demócrata estadounidense Bernie Sanders también intervino por vídeo y afirmó que los números del presidente Donald Trump y del Partido Republicano están "desplomándose en todo el país como respuesta a sus ataques contra los trabajadores". "Los americanos dicen no al autoritarismo, no a la oligarquía, no al racismo, no a la guerra y no a los continuos ataques contra la clase obrera", aseguró Sanders, que auguró más victorias como las de Mamdani en todo Estados Unidos.

Sanders alertó de que tanto Trump como el presidente de Israel, Benjamin Netanyahu, y el de Rusia, Vladimir Putin, están "sumiendo el mundo en una anarquía internacional donde la fuerza hace el derecho, donde se ignora la ley y donde millones sufren como resultado".

La expresidenta chilena Michelle Bachelet, que también intervino telemáticamente, pidió "más diálogos, más cooperación y más liderazgos capaces de tender puentes", y también más sociedades en las que las mujeres participen plenamente en la toma de decisiones. Bachelet advirtió de que las democracias se están enfrentando a presiones crecientes como la desinformación, que "erosiona la confianza pública, profundiza en la polarización y debilita la capacidad de las instituciones para responder a las necesidades de las personas". Reclamó respuestas compartidas "a desafíos como la desigualdad, la crisis climática, los cambios tecnológicos y la inseguridad", y pidió soluciones desde los espacios progresistas para devolver esperanza, estabilidad y sentido a la sociedad.

Las intervenciones de Mamdani, Sanders y Bachelet se sumaron a las de los líderes presentes en Barcelona, como el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez; el presidente de Brasil, Lula da Silva; la presidenta de México, Claudia Sheinbaum; el presidente de Colombia, Gustavo Petro; el de Uruguay, Yamandú Orsi; el de Sudáfrica, Cyril Ramaphosa; la presidenta de Irlanda, Catherine Connolly; y la primera ministra de Lituania, Inga Ruginiené. La cumbre, que ha sido duramente criticada por la derecha española, que la ha calificado de "reunión de narcoestados" y "aquelarre comunista", busca articular una respuesta progresista a los desafíos globales desde una perspectiva de izquierda.

El fin de semana dejó patente la profunda brecha ideológica que divide la política española en materia de política internacional. Ayuso construyó su relato en torno a la libertad, presentando a Machado y González como víctimas de una dictadura que huyen de la pobreza y la represión. Su objetivo fue claro: posicionar a Madrid y a su partido como el verdadero baluarte de los derechos humanos y la democracia en Iberoamérica, en contraposición a las alianzas del gobierno central.

Por otro lado, sectores críticos señalaron que Ayuso utiliza a Machado para disputar "una batalla ideológica nacional", advirtiendo que la líder opositora venezolana ha respaldado posturas muy agresivas contra el chavismo que rozan la intervención militar, algo incompatible con el Premio Nobel de la Paz que ostenta.

En definitiva, el fin de semana mostró dos formas antagónicas de entender la política exterior y los valores democráticos, utilizando a América Latina como telón de fondo de una intensa batalla política nacional. Mientras en Madrid se alzaba la bandera de la libertad frente a la dictadura chavista, en Barcelona se debatía el futuro de la democracia progresista en un clima enrarecido por la ofensiva dialéctica de la derecha. La visita de Machado no solo evidenció la fractura política en torno a Venezuela, sino que abrió un nuevo frente diplomático entre el Gobierno y la oposición, con Iberoamérica como telón de fondo.

 

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