El Baobab está situado en pleno barrio de Lavapiés
El Ayuntamiento de Madrid, liderado por el alcalde José Luis Martínez-Almeida, anunció la suspensión cautelar de la licencia para el derribo de dos edificios situados en la calle Cabestreros, en el barrio de Lavapiés. Entre estos edificios se encuentra el antiguo restaurante senegalés Baobab, un establecimiento que ha sido parte del patrimonio cultural de la zona.
La decisión de suspender la licencia de derribo se produce en respuesta a una denuncia presentada por el Grupo Municipal Socialista ante la Fiscalía Provincial. Este grupo busca frenar lo que consideran un "atentado patrimonial", dado que la demolición de estos edificios podría implicar la pérdida de elementos significativos del patrimonio histórico y cultural del barrio.
El alcalde Almeida explicó que, aunque el edificio que albergaba el restaurante Baobab no cuenta con protección urbanística según el Plan General de Ordenación Urbana, el Ayuntamiento ha decidido actuar con cautela. En sus declaraciones, enfatizó la importancia de consultar a la Comunidad de Madrid, específicamente a la Dirección General de Patrimonio Histórico, para obtener su criterio sobre la situación.
Almeida subrayó que el Ayuntamiento actúa conforme a la normativa municipal y urbanística vigente. Sin embargo, para evitar cualquier tipo de malentendido o preocupación entre los ciudadanos, el alcalde consideró razonable y adecuado consultar a la autoridad competente en materia de patrimonio histórico. Esta consulta tiene como objetivo asegurar que se tomen decisiones informadas y respetuosas con el patrimonio cultural de la ciudad.
El alcalde indicó que, mientras se espera la respuesta de la Comunidad de Madrid, el Ayuntamiento procederá a suspender la licencia de derribo de manera cautelar. Esto significa que no se podrá llevar a cabo la demolición de los edificios hasta que se reciba el criterio de la Dirección General de Patrimonio Histórico. Almeida concluyó su intervención afirmando que las decisiones del Ayuntamiento se toman de acuerdo con la ley y que no hay inconveniente en revisar las decisiones si es necesario. La suspensión de la licencia es un paso proactivo para garantizar que se respeten los derechos patrimoniales y culturales de la comunidad.
El Grupo Municipal Socialista (PSOE) de Madrid ha tomado la iniciativa de presentar una denuncia ante la Fiscalía Provincial de Madrid con el objetivo de detener el inminente derribo de dos edificios históricos ubicados en la calle Cabestreros, en el barrio de Lavapiés. Entre estos edificios se encuentra el antiguo restaurante Baobab, que es considerado un importante testimonio del patrimonio arquitectónico de la ciudad.
Los inmuebles en cuestión son descritos por el concejal Antonio Giraldo como poseedores de un "alto valor" histórico. Se argumenta que estos edificios son testigos de épocas pasadas, específicamente del siglo XVII, y representan una parte significativa de la historia de Madrid, especialmente del periodo conocido como "Madrid de la Villa y el Madrid de los Austrias".
El concejal Giraldo critica al Ayuntamiento de Madrid por haber ignorado la importancia de la conservación de estos edificios. En el escrito dirigido al delegado de Urbanismo, Medio Ambiente y Movilidad, Borja Carabante, el PSOE expone la historia de la construcción y su relevancia cultural.
El Grupo Municipal Socialista ha recopilado documentación original y fidedigna de diversas fuentes, incluyendo el Archivo de Villa, que respalda la antigüedad de los edificios, datando su existencia antes de 1752. Giraldo menciona que, con "alta probabilidad", estos inmuebles ya estaban presentes en 1656, año en que aparecen en un plano elaborado por Pedro de Teixeira.
En el escrito presentado, el PSOE solicita varias acciones específicas:
Suspensión Cautelar: Piden la suspensión cautelar de cualquier acción que pudiera afectar la integridad de los edificios.
Estudio de Valoración: Se solicita un estudio que confirme la antigüedad y el valor de la edificación existente.
Catalogación Se sugiere la valoración de la pertinencia de incluir estos inmuebles en el catálogo de edificios protegidos.
A pesar de las solicitudes del PSOE, el concejal Giraldo ha expresado su frustración al señalar que el Ayuntamiento ha ignorado sus peticiones para detener el derribo, que podría llevarse a cabo en cualquier momento. Ante esta situación, el Grupo Municipal Socialista ha decidido recurrir a la justicia para intentar frenar lo que consideran un "atentado patrimonial".
Giraldo enfatiza que los poderes públicos tienen la responsabilidad de garantizar la conservación y valorización del patrimonio arquitectónico y cultural, citando el artículo 46 de la Constitución Española, que establece la obligación de proteger el patrimonio cultural.
El Grupo Municipal Socialista de Madrid ha expresado su satisfacción ante la reciente decisión del Ayuntamiento de suspender el derribo del antiguo restaurante senegalés Baobab, ubicado en el barrio de Lavapiés. Esta suspensión se produce en un contexto de preocupación por la preservación del patrimonio histórico y cultural de la ciudad.
El concejal Antonio Giraldo, representante del Grupo Municipal Socialista, ha manifestado su alegría por la suspensión del derribo, aunque ha lamentado que esta decisión se haya tomado solo después de que el PSOE acudiera a la Fiscalía Provincial. Giraldo ha calificado la situación como un "daño patrimonial irreparable, irreversible e irremediable" que se ha logrado evitar "por el momento".
Giraldo ha criticado la falta de respuesta por parte del Ayuntamiento antes de que se tomaran medidas legales. En su declaración, expresó que el PSOE había enviado una carta al delegado correspondiente, quien no respondió, lo que llevó al grupo a presentar una denuncia ante la Fiscalía. Según Giraldo, esta situación refleja una falta de proactividad por parte del Ayuntamiento en la protección del patrimonio histórico.
A pesar de las críticas, el concejal ha enfatizado que el PSOE se siente satisfecho con la suspensión y ha hecho un llamado a la Comunidad de Madrid para que actúe con rapidez y eficacia en la evaluación del valor real del inmueble. Giraldo ha subrayado que muchos expertos coinciden en que el edificio es un caserío tradicional del siglo XVII que merece ser protegido, al igual que otros edificios de importancia histórica en la ciudad.
El delegado de Urbanismo, Medio Ambiente y Movilidad, Borja Carabante, ofreció detalles sobre la situación desde la plaza de Santa Ana. En su declaración, enfatizó que la licencia de demolición había sido suspendida y que se había comunicado oficialmente al propietario del edificio. Esta suspensión se produce en un contexto donde se había informado previamente que las obras continuaban.
Carabante indicó que ha ordenado a la Agencia de Actividades que se presente en el lugar para realizar una inspección y verificar que las obras de demolición han cesado. También solicitó la intervención de la Policía Municipal para asegurar el cumplimiento de esta suspensión.
El delegado defendió la legalidad de la licencia de demolición, afirmando que había seguido todos los procedimientos y garantías jurídicas necesarias. La licencia había obtenido el visto bueno de la Comisión de Patrimonio del Ayuntamiento de Madrid, que está compuesta no solo por técnicos municipales, sino también por representantes independientes del Colegio de Arquitectos y de la Escuela de Arquitectura.
Carabante explicó que, en un ejercicio de cautela, se decidió consultar a la Comunidad de Madrid, específicamente a la Dirección General de Patrimonio, para recibir observaciones sobre la licencia. Esta consulta se realizó para asegurar que se tomaran en cuenta todos los valores de protección que pudiera tener el edificio.
La Dirección General de Patrimonio tomó la decisión de suspender cautelarmente la licencia de demolición para evaluar los valores de protección que el edificio pudiera tener. Esta decisión fue comunicada a los propietarios, quienes deben cesar inmediatamente las labores de demolición. Carabante destacó que la resolución y el decreto de la Dirección General de Patrimonio son firmes desde el día anterior a la declaración. Este lunes, se comunicó a la entidad colaboradora urbanística que estaba tramitando la licencia sobre la suspensión, y el día de la declaración se notificó oficialmente al propietario del edificio.
Durante casi veinte años, el restaurante Baobab fue mucho más que un lugar donde comer. En una esquina discreta de la plaza Nelson Mandela, en Lavapiés, este modesto local senegalés se convirtió en un punto de encuentro vecinal, cultural y político, y en un símbolo de la diversidad que durante décadas definió al barrio. Hoy, donde antes se servía thiebou dienne humeante, solo quedan recuerdos y un debate abierto sobre el modelo de ciudad.
Baobab abrió sus puertas a comienzos de los años 2000, en un Lavapiés marcado por la inmigración africana, el alquiler asequible y una intensa vida comunitaria. Su propuesta era sencilla y directa: cocina tradicional senegalesa, raciones abundantes y precios populares. No había artificios ni adaptación al paladar turístico. El menú hablaba el lenguaje de la diáspora: arroz, pescado, carne, verduras, cacahuete y especias.
Pronto, el restaurante dejó de ser solo un negocio. Su terraza —una de las más grandes de la zona— funcionaba como extensión de la plaza. Vecinos históricos, recién llegados, activistas, estudiantes y familias compartían mesas largas sin preguntarse demasiado de dónde venía cada cual. En un barrio muchas veces estigmatizado, Baobab ofrecía normalidad y convivencia.
Con el tiempo, Baobab se convirtió también en un espacio simbólico. No era extraño que allí se celebraran reuniones informales de asociaciones vecinales, encuentros culturales o comidas colectivas tras manifestaciones. En un Madrid cada vez más homogeneizado, el restaurante representaba una resistencia cotidiana, una forma de habitar el espacio público desde la mezcla y el arraigo.
Su ubicación, en la plaza que lleva el nombre de Nelson Mandela, reforzaba esa carga simbólica. Baobab era citado con frecuencia en reportajes sobre Lavapiés como ejemplo de multiculturalidad real, no diseñada para el consumo rápido.
En enero de 2020, Baobab cerró definitivamente. No fue por falta de clientela ni por problemas de gestión. El motivo fue otro: el propietario del edificio decidió no renovar el contrato de alquiler tras vender el inmueble. El restaurante no tuvo margen para negociar ni alternativa cercana. Su desaparición fue silenciosa, pero el vacío se notó de inmediato.
Para muchos vecinos, el cierre marcó un punto de inflexión. Baobab fue uno de los primeros locales históricos en caer en un proceso que se aceleraría después: subida de alquileres, salida de residentes, llegada de proyectos turísticos y pérdida de comercio de barrio.
Años más tarde, el edificio donde se encontraba el restaurante volvió a ser noticia. Un proyecto para transformarlo en un hostal cápsula de gran capacidad, con más de 250 plazas, desató la polémica. Asociaciones vecinales y partidos políticos denunciaron la operación como un ejemplo extremo de gentrificación y turistificación del centro de Madrid.
La controversia creció cuando se iniciaron obras de demolición parcial, lo que llevó al Ayuntamiento a suspender cautelarmente la licencia para evaluar el valor patrimonial del inmueble. Para entonces, Baobab ya no existía, pero su nombre reapareció como emblema de lo perdido.
Hoy, Baobab sobrevive en la memoria del barrio. No como un restaurante exótico ni como una marca, sino como un espacio de vida compartida. Su historia resume la de muchos otros locales que desaparecen sin grandes titulares, pero cuyo impacto es profundo: lugares donde se tejían relaciones, se aprendían sabores y se construía ciudad desde abajo.
Lavapiés sigue siendo diverso, pero ya no es el mismo. Y aunque nuevos restaurantes africanos han tomado el relevo, Baobab pertenece a una época concreta, irrepetible, en la que comer juntos era también una forma de resistir. |