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25
Mar
2021
El pirata rendido PDF Imprimir E-mail
Punto D Vista - Otra mirada
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Jesús Hernández Gallardo

Érase una vez un barco pirata, emergido de las profundas y oscuras simas de la izquierda más radical que se conoce en este mundo. El timón lo gobernaba el mayor tirano de cuantos navegantes piratas puedan surcar en mares y océanos del planeta, un pirata follonero como ningún otro, capaz de conducir el barco por las fronteras más arrimadas a la izquierda política más cruel.

Hace cinco años el pirata Pablo Iglesias desembarcó al abordaje en el Congreso de los Diputados, haciéndose un hueco en el carajo, lugar más alto del barco. Con él bajaron igualmente unos pocos piratas de segunda categoría, eran tripulación, para ocupar espacio: Iñigo Errejón, Carolina Bescansa, Ramón Espinar, Pablo Echenique y Juan Carlos Monedero. Todos ellos lugartenientes del pirata follonero. Su espacio de prácticas de piratería fue la Puerta del Sol de Madrid, en pleno evento masivo del 15-M. Ahí arengó a la tripulación pernoctante y se fue haciendo con cierto grado de protagonismo. Lo cierto es que ha sido un encantador de conciencias, los asistentes al simulacro creyeron en sus promesas, muchos le vieron como un revolucionario con las tibias y la calavera marcadas en el pañuelo pirata; se trata de un tahúr de los Mares del Sur.

Semejante apoyo le dio alas, unas velas al viento que le hizo abordar el Hemiciclo del Congreso de Diputados como un icono de la izquierda anticapitalista, como un elegido por los designios marxistas y al amparo del chavismo venezolano, quien le inyectó “impulsos” de los cofres del sur para apostarse en tan deferente escaño del parlamento.

Corrían buenos vientos con sus discursos y arengas cargadas de igualdad, guerra al capitalismo y justicia social, se hizo con un buen apoyo en la singladura del barco pirata. Una vez dentro, se apoyó en la lengua viperina de Pablo Echenique, la compañía inseparable del siempre adolescente Iñigo Errejón, los recursos rocambolescos de Juan Carlos Monedero y el descaro mediático de Carolina Bescansa y partió por la ruta del comunismo bolivariano.

En el Congreso de los Diputados había mala mar, la radicalidad con la que se trataban los comentarios de sus señorías por parte de los podemitas, que en lugar de hoz y martillo, dirimían con tibias y calavera, hacía un ambiente irrespirable, cargado de ráfagas de sotavento escoradas muy a la izquierda de la nave. Las políticas de derechas eran objeto de escaramuzas de la piratería podemita, de tal manera que existía un síndrome de intolerancia hacia ellas, motivo por el cual, desde esta posición se tuvo que reforzar y aplicar discursos más belicistas, blindándolos de los traicioneros ataques y de las hordas bolivariana.

La izquierda anticapitalista de Podemos criticó duramente cualquier maniobra por la que asomara alguna corruptela derechista, sin embargo toleró de buena gana la corrupción del PSOE de Andalucía y otros brotes tormentosos, teñidos del rosa socialista. El 15-M les marcó con la bengala el mapa con que debían de surcar los mares y el barco comandado por el pirata Iglesias se escoró a la izquierda todavía más, de tal manera que el clima del Congreso de los Diputados se hizo insufrible. Al pirata Iglesias le salían novias dentro del partido a manos llenas. Comenzó con Tania, más tarde Dina, luego Lilith y finalmente Irene Montero, quien ha parado ese afán de bravo conquistador, ya veremos hasta dónde llega ese furor andrógeno.

Este año, el 2021 ha encallado su barco, se ha bajado del mapa pirata y dice que a partir de ahora se convierte en bucanero de río dulce; que va a navegar por el Manzanares luchando frente a remolinos de viento de la extrema derecha. Ahí los tiene en el horizonte, en lugar de ver a Ayuso, cree ver a Donald Trump o Adolfo Hitler. El psiquiatra le persigue.

Jesús Hernández Gallardo

Exfuncionario del Estado

Torrejón de Ardoz

 

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