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17
Sep
2012
Rajoy deja al PP sin Esperanza PDF Imprimir E-mail
Punto D Vista - La cara oculta
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Aguirre abandonaba por sorpresa la primera línea. Foto cedida por CAMLa dimisión de Aguirre guarda sospechosas similitudes con la de Rato en Bankia

A eso de las dos de la tarde de ayer estallaba la noticia que provocaba un auténtico terremoto en la política regional, y lo hacía en el más absoluto secreto ya que, afirmaba Aguirre, “no hubo filtraciones”, tal vez porque la propia Aguirre no lo sabía cuando se despertó esa mañana.

Y es que son demasiados los datos que apuntan a que las cosas no son como cuenta la versión oficial, y se parecen mucho más a la salida de Rato de Bankia. Esperanza afirmaba que era una decisión meditada y anunciada en el momento justo, algo que casa muy mal con una convocatoria urgente a la prensa media hora antes, y con la suspensión por sorpresa de toda la agenda prevista para el día. Si verdaderamente hubiera sido una decisión meditada, se habría anunciado en la rueda de prensa posterior al comité regional del partido, o en la rueda de prensa tras el Consejo de Gobierno de los jueves, pero no por sorpresa un lunes por la mañana.

Es bastante más creíble otra sucesión de hechos: Mariano Rajoy se despierta con una sorprendente encuesta hecha pública por la SER y que sitúa a UPyD como tercera fuerza política del país, a solo once puntos del PSOE. Ante semejante situación, Rajoy se reúne con su gabinete de comunicación, v.g. Arriola, y deciden analizar la situación: La subida de UPyD es consecuencia del absoluto descrédito de un Rajoy que suspende entre sus propios votantes, por lo que hay que tomar medidas.

Cualquier gabinete normal optaría por un cambio de discurso en el que alejarse de situaciones como la de Bolinaga, o de pasteleos con el PSOE para escuchar lo que gritan las bases del propio partido, exactamente igual que ha hecho Rubalcaba en el PSOE. Pero “Rajoy is diferent”, y prefiere hacer culpable de la situación a la Presidenta de Comunidad más votada de España, y la única en cuestionar públicamente las decisiones del líder.

Como consecuencia, Rajoy llama de urgencia a Aguirre, que tiene que recortar una rueda de prensa para acudir a la reunión, y obliga a dimitir a la Presidenta, que convoca a los medios tan sólo media hora después.

La de Rajoy, no obstante, no sería la única voz interesada en cortar la cabeza a la Presidenta de Madrid. El anuncio de la semana pasada de eliminar subvenciones a sindicatos y, sobre todo, a la patronal, escoció y mucho en determinados ámbitos por lo que se hacía necesario eliminar el personaje antes de que pudiese llevarlo a cabo, y sabiendo, además, que su sucesor jamás se atreverá a tomar una decisión de ese calado, si quiere evitarse problemas familiares.

Así, eran muchos los que pedían el fin de la era Aguirre, pero las consecuencias, no ponderadas por la dirección del PP, pueden ser muy serias: Según los primeros cálculos electorales, la salida de Aguirre puede suponer una pérdida inmediata de entre cinco y seis puntos en intención de voto para el PP, lo que, de ser ciertos los datos que daba ayer la encuesta de la SER, situaría a los dos grandes partidos en un empate técnico, y con todo abierto para las próximas elecciones.

Pero además, la situación interna en el Partido Popular tampoco se tranquiliza con la salida de Aguirre: Rajoy cree que ha eliminado a la Reina del tablero de ajedrez, sin darse cuenta de que cualquier peón puede convertirse en Reina cuando llega al final del tablero, y hay varios peones dispuestos a llegar en cualquier momento.

Y por otra parte, Rajoy considera estar jugando al ajedrez, un juego de suma cero para dos jugadores, mientras que la política es un juego de suma no cero con un número indeterminado de jugadores. Así, no sería extraño ver volver a la Reina con un tono más rosado o con nuevas siglas, y acompañada de todos aquellos ninguneados por el actual dirigente del PP: Mayor Oreja, Rodrigo Rato, María San Gil o Francisco Pizarro, voces muy fuertes y con sobrada capacidad de gestión que, de volver pondrían en un brete a gran parte de la clase política española.

Una opción que podría ser lo que se escondiese tras esa segunda línea de la que hablaba en su despedida, y que cambiaría radicalmente el panorama político. Aguirre se va, y con ella se lleva la Esperanza, aquel último don que quedó en el fondo de la Caja de Pandora como recuerdo de que, cuando todo va mal siempre queda un pequeño rayo de luz. Pero mientras Rajoy lleva a su partido por el mismo camino que España: a la ruina total y absoluta, y además, desde ayer, sin Esperanza.

 

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