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10
Jul
2020
Cine Arcos: la primera fábrica de sueños de Torrejón PDF Imprimir E-mail
Lente de Aumento - Torrejón Secreto
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La localidad derriba el edificio donde se ubicó su primer cine hace noventa años

Este 2020 se cumplen noventa años de la llegada del cine, con mayúsculas, a Torrejón. Sin embargo, será un cumpleaños agridulce, pues la localidad ha decidido celebrarlo derribando el edificio donde se ubicó durante más de cincuenta años, la primera sala de cine del municipio.

Ubicado en la parcela que fue casa de postas del Camino Real desde tiempos inveterados, Torrejón inauguraba, en 1930, su primer cine oficial en la esquina entre las calles Allendesalazar y Real, es decir, Pesquera y Avenida de la Constitución. Oficial, que no oficioso, ya que, desde principios de siglo funcionó otro en un salón de baile situado en Virgen de Loreto.

La inauguración del Arcos fue todo un acontecimiento, no sólo en Torrejón, pues fue uno de los primeros construidos en el extrarradio madrileño. Con una estructura muy similar a lo que después será el Rodero, el Arcos montó su patio de butacas de 500 asientos en paralelo a la calle Pesquera, dejando dos salidas para el desalojo del público, y dejando la esquina con Constitución convertida en un gran hall de entrada que no tardó en ser punto de encuentro para los casi cuatro mil vecinos de la localidad.

En los primeros 50, tras anunciarse la construcción de la Base Aérea, el cine vivió una remodelación integral que sirvió para crear el porche que se convertirá en imagen icónica de un Torrejón que comenzaba a dejar de ser pueblo para convertirse en ciudad dormitorio. En esta remodelación aparece uno de sus elementos más recordados: la doble butaca, de madera, y más barata en las diez primeras filas; y con respaldo forrado, y más cara, en el resto.

La llegada de los americanos provocó que la competencia cinematográfica también lo hiciese, y por eso, poco después de la reinauguración del Arcos, abría sus puertas el Cine Capitol. Ubicado también en la Avenida de la Constitución, aunque esta vez enfrente de lo que hoy es el Círculo Comercial, era una impresionante estructura con forma de bóveda que enseguida robó cinéfilos al mítico cine de Pesquera. El Capitol fue una obra mastodóntica en un Torrejón que comenzaba a soñar con dejar de ser pueblo, pues sus propietarios invirtieron casi seiscientos mil euros en ponerlo en marcha.

Tras el corto experimento del Cine Ideal (situado junto a Galeote, en una esquina de la Plaza Mayor, y al aire libre), la zona centro estrenaba otra sala que enseguida se convertiría en el hermano menor de Arcos, el cine Palafox.

Del mismo propietario, que el Arcos, Manuel Godoy Roldán, las carteleras de ambos cines se complementaban, permitiendo que Torrejón fuese uno de los pocos municipios donde se podía ver cine todos los días. El Palafox nace como cine de verano en 1964, pero el éxito del negocio provoca que se convierta en cine regular diez años después. Situado en plena calle de la Cruz, la salida de los espectadores se producía por la calle de la Huerta, y su construcción fue una auténtica obra faraónica: casi tres millones de pesetas de la época costó la creación de un patio de butacas para casi mil personas en la planta baja de un edificio de viviendas. Tras la llegada de la Base, Torrejón había comenzado a cambiar, y el modelo de negocio del Palafox es un ejemplo de ello.

La llegada del Palafox mató al cine Capitol, que cerraba sus puertas en 1974 para convertirse en otro local mítico de Torrejón: el B-52, una de las discotecas más conocidas de la historia reciente de la localidad que no necesitó cambiar la estructura del antiguo cine para darle su propia personalidad. El Capitol tenía forma de búnker de la Base, y eso mismo aprovechó el local para convertirse en un referente del ocio torrejonero hasta la llegada de Bachatta.

Precisamente fue la nueva competencia la que cerraba las puertas del B-52 en los primeros 90, antes de que se construyese el edificio que hoy ocupa la parcela del mítico cine, un bloque de viviendas en cuyo bajo se sitúa el Bingo Torreazar.

Con la llegada de los 80 y el auge de los videoclub, los cines entraron en crisis, una muy seria crisis que acabaría con buena parte de ellos. Precisamente el primero en caer será el Arcos, que, en noviembre de 1987 proyecta su última película. El Palafox no durará mucho más, y, en 1996 cierra sus puertas convirtiéndose en sala de reuniones y, hasta su incendio del año pasado, en centro de culto de la iglesia adventista.

Por aquel entonces el cine también se había transformado, dando lugar a los modernos multicines. En 1992 nacerán los de El Círculo Comercial, que sobrevivirán diez años antes de cerrar y convertirse en salones multiusos, y tres años después los de Parque Corredor, únicos cines de Torrejón que siguen funcionando a día de hoy.

Volviendo al Arcos, su cierre no supondrá el final de su historia, pues, tres años después de la clausura reabre convertido en una moderna sala de fiestas en un proyecto que, en última instancia, supondrá su derribo. Arcos 4, que recibe su nombre porque lo gestionaba una cooperativa de cuatro socios, pretendía ofrecer una oferta integral, con retauración, un salón de banquetes, una pastelería, un café y un bar, pero el experimento no cuajó y el macrocomplejo cerraba a los pocos años.

Desde entonces el mítico cine permanecía clausurado, como un enorme local en venta que no encontraba comprador. Es, precisamente, en esa última remodelación de los años 80 cuando se utilizan en la estructura del edificio microcementos con partículas de amianto, que, al detectarse, obligan a derribar la primera fábrica de sueños que abrió en Torrejón.

 

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